CITA CON LA MUERTE

 Por: César Villamizar Trejo

 DESAPARECIDOS 

* Baudilio Ramón Gallardo y Luis Enrique Montilla,  peluqueros de 18 años, fueron engañados a una cita con seis sujetos de mal vivir. El encuentro fue en el cementerio de Barrancas, municipio Cruz Paredes la noche del 11 de enero del 2011. La cita se convirtió en una espantosa muerte de ambos por una deuda de drogas. El caso se convirtió en conmoción colectiva en esa localidad y uno de los crímenes más aberrantes perpetrados en la región por motivos absurdos. 

* Los asesinos, que eran vecinos y amigos de las víctimas, fueron detenidos y pagan con cárcel el vil hecho. Seis delincuentes de poca monta, tres adultos y tres adolescentes, cometieron el doble homicidio.

Habían pasado tres días sin noticias sobre el paradero de’ Baudilio Ramón Gallardo Bastidas y de su amigo Luis Enrique Montilla, peluqueros de 18 años  .Sus parientes presumían que, tras la desaparición de los dos jovencitos desde el martes anterior, algo no estaba bien. Ellos nunca se perdían un día,  menos tres Y,  más aún: ningún vecino los había visto desde la noche del martes 11 de enero de 2011

 Era viernes  y la angustia y el temor a lo peor hacía rato estaba presente en Braulio Gallardo,  el padre de Baudilio, y de quienes lo acompañaban en la búsqueda de ambos desde hacía 24 horas.

Habían investigado y buscado por diferentes barrios de Barrancas, municipio Cruz Paredes, pero todo fue en vano.

La denuncia sobre esa desaparición ante el Cicpc, sub delegación Barinas, había sido formulada un día luego de que los chicos no regresaran a casa. 

Llegó la noche y la angustia no dejaba dormir en paz a los familiares de los dos jovencitos de 18 años.

Pero todo cambiaría un día luego en horas de la mañana cuando la intuición de Braulio Gallardo lo condujo al cementerio Pueblo viejo, donde una escena horrible y espantosa los aguardaba.

Cerca de las nueve de la mañana del sábado 15 de enero, cuatro días después de la desaparición de Baudilio y Luis Enrique,  sus propios familiares hallaron los cadáveres de ambos en el referido camposanto. La terrible angustia por dar con el paradero de ambos había acabado. El dolor y el luto se iniciaba para ellos. Alguien tenía que pagar con justicia la horrible muerte de los dos dos muchachos.

 LOS PELUQUEROS

Baudilio Ramón Gallardo Bastidas y Luis Enrique Montilla,  de 18 años,  eran dos buenos amigos y , desde niños,  llevaban un fuerte lazo de fraternidad que los vecinos del  barrio 12 de marzo y El Retruque, donde ambos residían,  veían con agrado. Un día, planificaron prepararse como peluqueros y todo lo que implica ser estilista. Pensaron en grande para esa capacitación y en poco tiempo ya eran reconocidos entre la comunidad. 

Los trabajos no se hacían esperar mucho y fueron ganando clientela, tanto hombres como mujeres.   

Los dos jovencitos  se prepararon juntos para vivir de la peluquería y la fortuna les estaba sonriendo.

 A decir de amigos y parroquianos, Baudilio y Luis Enrique tenían todas las características para prestar un excelente servicio como peluqueros y en las áreas de pedicuire y manicuire.

Desde que eran infantes expresaban  un fuerte lado femenino que resultaba innegable. Así eran queridos en su núcleo familiar y entre vecinos. 

A mediados del año 2010 los dos peluqueros se lanzaron en la aventura de trabajar en una renombrada  peluqueria en la zona y sus sueños comenzaban a hacerse realidad. La clientela no se hizo esperar y los dos chicos no tardaron en poner en práctica sus habilidades, que les fue ganando clientes.  

La meta de ambos  era montar su propia peluquería y para ello tenían todo su empeño. Hubo personas que los conocían que aseguraban que ese objetivo no estaba tan lejos. 

Los dos ersn miembros de familias humildes y trabajadoras. 

De finos modales y afeminados, los dos peluqueros  estaban en pleno apogeo de sus sueños. 

Pero, como nada es perfecto, ambos se movían en barrios peligrosos donde tenían  numerosos amigos, algunos de los cuales habían sido  consumidos por pandilleros y gente de mal vivir. Buena parte de la juventud y adolescencia estaba involucrada en el triste mundo del delito.

Ellos lo sabían muy bien. La mayoría eran chicos de su misma edad,  con quienes años atrás jugaron siendo niños. Nunca pensaron que seis de esos jóvenes , ahogados en el bajo mundo,  serían sus asesinos, en un horrible y repugnante hecho ocurrido la noche  del 11 de enero de 2011, en lo que ha sido uno de los crímenes más cobardes y crueles registrados en Barinas y por el que algunos sectores  reaccionaron en virtud que hubo cierta homofobia en algunos lados tras el doble homicidio. 

 LA CITA

La cita estaba pautada a las siete  de la noche del martes 11 de enero del 2011. Los dos peluqueros prometieron ir ante las insistencia de un grupo de chicos de mal vivir, pero con quienes Baudilio Ramón Gallardo Bastidas y Luis Montilla,  ambos de 18 años de edad,  mantenían estrecha amistad desde la infancia. Eran de los barrios 12 de octubre y El Retruque, de Barrancas,  municipio Cruz Paredes.

Los dos jovencitos peluqueros,  tras terminar la jornada laboral, se apresuraron en cumplir con aquel encuentro, sin imaginar que sería lo último que harían en vida.

Salieron a las siete en punto de aquella noche de la casa donde vivía Montilla, en el barrio El Retruque, y se enrumbaron  al cementerio Pueblo Viejo, un lugar abandonado hace tiempo,    solitario y oscuro.

A un amigo de ambos, que los vio caminando hacia esos lados,  le llamó tanto la atención que no dudó en preguntarles hacia dónde se dirigían a esa hora,  a lo que Baudilio,  en son de broma, le respondió que tenían una cita muy importante en el cementerio. 

Aquel chico, al escuchar esa respuesta, quedó  perplejo y pensó que no era en serio. Siguió caminando y,  minutos luego, observó a un grupo de jóvenes en varias bicicletas que también se trasladaba a esa vía. 

Vio que se trataba de muchachos de mal vivir e involucrados en hechos delictivos. Pensó que aquella fulana cita expresada por su amigo Baudilio era cierta, pero no le dio importancia. Siguió su rumbo.

Baudilio y Luis Enrique legaron al cementerio municipal, situado en un sitio apartado de la capital del municipio Cruz Paredes. Arribaron al interior tras saltar una pequeña cerca.  A los pocos minutos, se presentaron los seis  muchachos en unas tres bicicletas. Unos a otros se decían que los dos peluqueros los estaban esperando.

Aquellos chicos no eran de bien.  Sus caras eran conocidas en varios barrios de esa localidad.

Los hermanos Anderson y Enderson José Velásquez Martínez,  ambos de 19 años de edad, apodados «El tío fia» y «El pinky», respectivamente, eran los líderes del grupo. 

Los acompañaban tres adolescentes entre 15 y 16 años, conocidos en los bajos fondos como 

«El Guiña”, “El Macaco” y “El Víctor”, sindicados de cometer delitos menores y un sexto delincuente de poca monta apodado «El may», de 18 años.

Estos chicos  integraban una banda delictiva conocida en el mundo policial como «Los Matos» por su preferencia en actuar en zonas verdes de Barrancas y demás sectores de Cruz Paredes .

Tres de ellos portaban armas de fuego de fabricación casera y dos cuchillos.

Lo que para los dos peluqueros afeminados parecía un encuentro cualquiera se convertiría en uno de los crímenes más espantosos perpetrados a sangre fría y con bastante saña en la región y generaría una conmoción colectiva en el pueblo de Barrancas y sus alrededores.

ENGAÑO Y DEUDA

En sólo minutos,  Baudilio y Luis Enrique presumieron que habían sido engañados por aquellos chicos.  El supuesto motivo por el que habían sido citados resultó un vil engaño.  Los peluqueros no tardaron en entender que estaban en una emboscada en un lugar recóndito, oscuro y lejos de quien pudiera escucharlos.  Ya era muy tarde para escapar.

Los hermanos Velásquez Martínez llevaron la voz cantante para reclamar a Baudilio y a Luis Enrique una deuda de drogas, estimada en 400 bolívares.

 Los peluqueros entraron en pánico  y respondieron que no tenían ese monto en ese instante,  pero que esa deuda la cancelarian lo más pronto posible.

 A SANGRE FRÍA 

Anderson, el más agresivo e intimidante , les gritó con enojo que deberían cancelar en ese instante. Los amenazó con matarlos si no pagaban ya.

Los corazones de Baudilio y Luis Enrique estaban acelerados. El miedo y el terror se apoderó de los dos al percatarse que aquel bandolero de poca monta los amenazaba muy en serio.

Entraron en pánico al observar que Anderson, su hermano Enderson y «El may» se acercaron a ellos con  cuchillos. 

Los peluqueros  lloraban y rogaron a los sujetos que no les causaran daños,  pero los maleantes estaban decididos.  Detrás de ellos, muy atentos,  aguardaban «El guiña», «El macaco» y «El Víctor», los adolescentes que esperaban las órdenes de Anderson o Enderson.

Los peluqueros no tenían escapatoria segura. Lo único que podían hacer es escapar a toda carrera y huir del cementerio,  pero eso parecía muy remoto.  No tenían más esperanzas. Aquellos sujetos estaban dispuestos a todo, hasta de matarlos sin reparos.

El primero en tratar de escapar fue Luis Enrique,  pero una cuchillada en el cuello lo dejó sin aliento en el acto. Los hermanos Velásqupeto artínez lo deguellaron y uno de los adolescentes le disparó en el pecho con un chopo de fabricación casera. 

Baudilio, por su parte, al ver lo que sucedía con su amigo,  pudo huir hasta la cerca del viejo camposanto, pero los asesinos le dieron alcance. Le dispararon a mansalva y también lo deguellaron.

Los dos jóvenes peluqueros yacían sin vida en sendos charcos de sangre.

Los seis pandilleros decidieron lanzar al cadáver de Luis Enrique a una fosa del cementerio.

Con Baudilio prefirieron rociar su cuerpo con gasolina y prenderle fuego, sin saber que ello no era posible tan fácilmente.  Lo dejaron medio quemado.

El sexteto de maleantes huyó de inmediato de aquel oscuro lugar. La tarea se había cumplido.

JUSTICIA

En tiempo récord,  los sabueso de homicidios del Cicpc, sub delegación Barinas, esclarecieron el doble homicidio. Todos los asesinos, excepto «El may», fueron apresados y confesaron su responsabilidad en el sangriento hecho. Uno de los cuchillos fue hallado ensangrentado en los rastrojos del camposanto.

Los hermanos Velásquez Martínez fueron sentenciados a cárcel por los delitos de homicidio intenciona y agavillamiento.

Representantes de la comunidad Lgbt hicieron público su descontento con algunas personas que mostraron lo que ellos consideraron  cierta homofobia al referirse a este lamentable suceso.

«El may», el otro implicado en el horrible hecho, fue detenido tiempo después y también purga condena por los mismos delitos.

La realidad fue que el pueblo de Barrancas se conmocionó enormemente por este repugnante asesinato perpetrado a sangre fría y con tanto odio y maldad.

Queda en el recuerdo entre sus habitantes aquella cita absurda a la que los dos peluqueros fueron a ciegas, sin suponer que se trataba de un vil engaño.  Sin saber que era una cita con la muerte.

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