El jefe narco paramilitar delatado por un campesino

» Diego Pérez Henao, uno de los jefes paramilitares colombianos  más buscados en América latina, fue capturado la madrugada del 3 de junio del 2012, en un finca arrocera ubicada en colonia de Mijagual, municipio Rojas, en un basto operativo ejecutado por comisiones policiales y militares de Colombia y Venezuela. Era requerido por decenas de homicidios y por ser jefe de una organización criminal que operaba en el norte y otras zonas de Colombia y en Sinaloa,  México. 

* Se hacía llamar ^Don José «, se desplazaba en una camioneta destartalada, se había ganado la confianza de los pobladores y siempre andaba acompañado de varios «peones» que en realidad eran sus escoltas.

«Don José»

Se hacía llamar «Don José» , era el encargado de una finca arrocera, se movilizaba en una camioneta vieja y ,  con sonrisas y habilidad,  se había ganado el cariño y la confianza de los pobladores de gran parte de la colonia de Mijagual, en el municipio Rojas, donde tenía un año viviendo con numerosos «peones».

Tres meses tenían las autoridades colombianas detrás de Diego Pérez Henao,  alias «Diego Rastrojo», el jefe narco paramilitar más buscado en América Latina por su oscuro historial como criminal y narcotraficante y por ser jefe de una organización criminal que operaba en el norte de Colombia y en Sinaloa,  México. Era un rastreo incesante.

«Don José » siempre estaba en compañía de al menos cinco de sus ^peones», quienes en realidad eran sus escoltas y siempre andaban bien armados.  No tenía reparos para ayudar al que necesitaba y visitaba negocios cercanos,  donde ya era normal escuchar el acento colombiano entre encargados de finca y sus obreros. Don José ya era muy conocido en la Colonia  de Mijagual por su sencillez y carisma. Siempre decía que su «patrón» era una buena persona, pero nadie lo conoció. 

Pérez Henao llevaba un año en esa finca, desde, según autoridades colombianas,  operaba con precisión en diversas actividades narcotraficantes y criminales en general. Tenía a su mando centenares de hombres distribuidos en el vecino país y México. Nunca se imaginó que la policia colombiana lo tenía en la mira desde  abril del 2012, sólo que faltaba dar con su paradero. 

Diego Rastrojo

Diego Pérez Henao,  alias «Diego Rastrojos», era uno de los jefes narcotraficantes paramilitar más buscados en el mundo desde mediados de los años 2.000. Tenía orden de captura de Colombia y circular azul de Interpol. 

Era el máximo cabecilla de la banda criminal «Los Rastrojos» e investigado por la justicia colombiana por su  participación intelectual y material de 66 homicidios, según  la Fiscalía General del vecino país.

 El historial de Pérez Henao fue documentado en la Unidad Nacional contra Bandas Criminales de la entidad judicial, que estableció que los homicidios fueron cometidos mayoritariamente entre 2008 y hasta el momento de su aprehensión, en el Valle del Cauca.

Además de lado matón , este criminal  era investigado por cinco casos de desaparición forzada, entre ellos  dos mujeres, así como por cinco hechos de desplazamiento forzado y cuatro secuestro ‘Diego Rastrojo’ afrontaba una orden de captura emitida a solicitud de la Fiscalía, por un juzgado ambulante de Buga y era  reclamado por «concierto para delinquir agravado, fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones; fabricación, tráfico y porte de armas y municiones de uso privativo de las Fuerzas Armadas, utilización ilegal de uniformes e insignias, y tráfico, fabricación o porte de estupefacientes».

También era requerido por la justicia de EE.UU. por el delito de narcotráfico, con petición de extradición. 

Por su captura, había recompensa de $5 millones de dólares, lo que revelaba de qué tipo de criminal .

Pérez Henao se había eregido como jefe de esa enorme banda criminal una vez que decide, junto a su compinche Javier Antonio Calle Serna,  alias «Comba», dar muerte a su ex jefe Wilber Valera,  «Jabón «. Con el tiempo ambos se enfrentaron y se separaron. El comba se entregó a las autoridades y eso enardecio más a Diego que prefirió ocultarse en Barinas tras comprar la finca arrocera, donde simulaba ser un humilde patrón con gente de su entorno. El compa se rindió en mayo del 2012.

Un campesino 

Fue a comienzos del año 2012 cuando un campesino fronterizo, que viajaba regularmente al municipio Rojas, alertó a las autoridades militares de Satander, Colombia,  acerca de la presencia de Pérez Henao en territorio barines, lo que, en principio,  generó mucha suspicacia a los funcionarios que recibieron la novedad.  Le creyeron poco, pero no descartaron el dato. Le exigieron pruebas tangibles, de manera que la sapiencia del trabajador del campo se puso en práctica. 

El paciente campesino, cual detective privado, esperó el momento ideal para tomarle fotos.  Estaba ansioso: cinco millones de dólares era la recompensa. Sabía que «Diego Rastrojo» visitaría en cualquier momento un bar en el que, de vez en cuando, iba a calmar la sed con espumosas bien frías. 

Y el día llegó.  El que se hacía llamar «Don José» fue a ese local,  como siempre, acompañado en esa ocasión de dos hombres. 

El «campesino detective» esperó el instante preciso para tomarle fotos con su celular.  Con cierto miedo,  a sabiendas que trataba con un peligroso criminal,  no quería ser descubierto. Se arriesgó con valentía y ckick…..le tomó unas tres fotos sentado y bebiendo cerveza.

Regresó a la frontera y llevó la «prueba estrella». Bingo. Los militares y funcionarios de la DIJIN de la Policía de Colombia  lo tomaron muy en serio. Aunque Pérez Henao lucía con kilos de más y envejecido, habían rastros que apuntaban que ese era el hombre.  Se iniciaba en ese momento la enorme planificación para dar captura a uno de los capos más solicitados en el mundo. Barinas era el escenario.

Se activa una comisión de la DIJIN y se instala en una zona cercana a la finca arrocera, cerca del río Masparro, donde,  en coordinación con funcionarios de la Oficina Nacional Antidrogas de Venezuela,  practican seguimientos y otras acciones tendentes a capturar a «Diego Rastrojo».

La captura

Tras casi tres meses de labores exhaustivas,  las comisiones mixtas entran en acción.  En sus manos estaban todas las evidencias de que aquel falso patrón de finca en realidad era un solicitado capo dueño de un amplio prontuario criminal. Era momento de la detención. 

La madrugada del 4 de junio de 2012, Pérez Henao duerme plácidamente tras una tarde-noche de parranda, vallenatos y fino whisky, en compañía de dos de sus escoltas. Su amplia habitación es la única con un sofisticado aire acondicionado.

Afuera, las comisiones esperan el momento de la acción. En minutos, la quietud de la finca se acabará,  igual que la fechada de patrón y sus «peones».

Finalizará la imagen de finca arrocera, donde la realidad indicaba que era el centro de operaciones criminales de una poderosa organización. 

Y ocurrió.  Al jefe de los Rastrojos apenas le dio tiempo para tratar de escapar por la ventana de su habitación,  correr al río Masparro donde lo aguardaba una lancha,  pero fue apresado en el intento.

Otros diez hombres corrieron la misma suerte.  Durante el fuerte allanamiento,  se incautaron decenas de armas largas y cortas,  además de una docena de vehículos de diferentes tipos.

 Expertos de la Dijín corroboraron, por medio de un cotejo dactiloscópico, la identidad del cabecilla de ‘Los Rastrojos’. Todos fueron esposados de inmediato y sacados del lugar con amplia custodia.Un funcionario norteamericano también formó parte de esa comisión amplia.

Del humilde «Don José » al malo de la película. 

Diego Pérez Henao,  para entonces de 41 años, fue extraditado a Estados Unidos en agosto del 2013. El 5 de agosto del siguiente año fue sentenciado a treinta años de cárcel por un Tribunal Federal de La Florida.

El campesino informante,  clave de oro para la captura del capo, recibió buena parte de la recompensa. 

En la colonia de Mijagual, aún se habla del humilde «Don José» y su falsa tachada de patrón de finca arrocera. En serio y en broma algunos pobladores de ríen de ellos mismos por cómo fueron burlado por un astuto criminal. Todavía parece que lo vieran manejando aquella camioneta destartalada, saludando y sonriendo a todo el que viera.

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