El suicidio que conmocionó en Barinas y en Caracas: Dos compadres, dos escenarios, una muerte

*La interpelación del entonces presidente de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura (DEM), Luis Velásquez Alvaray, el 8 de junio de 2005, generó un huracán en la entonces Asamblea Nacional que presidía Nicolás Maduro, pues un alto funcionario del gobierno nacional sería removido e investigado por presuntos actos de corrupción por quienes, hasta hace poco, eran sus compañeros de partido oficial. Pero un hecho de sangre sería el principal detonante de ese evento: Antonio Barazarte, entonces director de personal de la DEM y mano derecha de Velásquez, se quitaba la vida en el baño de su oficina tras conocer los resultados de aquella sesión.

* La noticia, cual pólvora, se corrió por los cuatro puntos cardinales de la región barinesa y rápidamente se extendió por todo el país. Un compadre supo escapar del terremoto político  que le venía encima. El otro quedó atrapado y prefirió acabar con su vida antes de ser sometido al escarnio público. En el hemiciclo nacional se decretó su muerte. En su oficina se ejecutó.

Por César Villamizar Trejo

 11 de la mañana del 8 de junio del 2006. Un compadre era esperado en vano en la silla de interpelados de la Asamblea Nacional.  El otro esperaba el resultado de aquel evento que nunca ocurrió. En el hemiciclo, todo era agite y corri corri. Su entonces presidente, Nicolás Maduro, intentaba apresurar la celebración de aquella sesión especial, pero debía cumplir con lo establecido en la ley: esperar un lapso hasta que el funcionario a interpelar, en este caso acusado, mediante un expediente, por presuntos  actos de corrupción, llegue a la sala que el ahora sindicado tanto conocía como fogoso ex parlamentario, Dos sillas ubicadas a la derecha del hemiciclo, con dos micrófonos sobre un escritorio, esperan por dos personas: la del magistrado y su defensor. Ellos nunca las ocuparon. Luis Velásquez Alvaray, presidente de la Dirección  Ejecutiva de la Magistratura (DEM), nunca  llegó.

Su compadre, en Barinas,  esperaba la celebración de aquella crucial sesión. De ello dependía su futuro inmediato como alto funcionario y reconocido dirigente político de Barinas, pero,  sobre todo, de su vida en general. Cada minuto era como una hora en la que la angustia lo consumía. Ignoraba si su compadre y amigo desde hace muchos años iba a asistir a la interpelación. Para ese momento, era el director de personal de la DEM y mano derecha de su compadre. También era propietario y director general de tres emisoras radiales situadas en la avenida Sucre. Eran 600 kilómetros que lo separaban del Congreso Nacional, pero su cabeza estaba más allá que en su natal Barinas. Ese día, antes del mediodía, su vida estaba a merced de lo que sucediera en la Asamblea Nacional.  Antonio Barazarte esperó en vano la celebración de aquella sesión especial.

En el Congreso Nacional sigue el corri corri. Su presidente Maduro, como para afirmar el objetivo de aquella sesión, toma el micrófono y con firmeza señala: «Este es un acto especial porque forma parte del combate histórico contra la corrupción». Pide a sus colegas parlamentarios que vayan ocupando sus curules. Ya transcurrió el tiempo legal y Velásquez Alvaray no llegó. El vicepresidente Roberto Hernández, quien lideró la Comisión especial que evaluó el informe por el Consejo moral republicano,   resaltó la gravísima falta del máximo magistrado y, por ende, sugiere de inmediato la remoción del cargo. A las 11 y 26 de la mañana, el secretario Iván Zerpa declara la ausencia absoluta del magistrado. Maduro pregunta nuevamente por Velásquez y éste le responde que no ha llegado.

Nadie, salvo sus íntimos, saben el paradero de Luis Velásquez Alvaray, de quien luego se supo que había huido a Madrid,  España,  de donde es nativa su esposa. Su compadre en Barinas lo sabía.  Fue una escapada muy astuta y a tiempo.  No se detuvo a pensar las consecuencias de aquella huida. Dejó a solas en Barinas a su compadre y mano derecha. Su no comparecencia en el Congreso Nacional, según la Constitución venezolana, lo hacía culpable de los señalamientos de corrupción que el poder moral tenía en su contra en torno al manejo de los recursos financieros de la DEM. Estaba aceptando su responsabilidad en cada una de los señalamientos que el expediente del Poder Moral indicaba.

Barazarte se siente solo.  Su compadre y gran amigo es señalado culpable, pero  su paradero es un enigma. El ex concejal, ex contralor del estado Barinas y ex secretario general de gobierno durante el mandato del Maestro Hugo de los Reyes Chávez se encuentra sentado  en el escritorio de director de las emisoras 1400 AM y FM Primerísima del circuito Fiesta y de Radio Llanera. Entre las 12 y 30 y una de la tarde,  recibe una llamada telefónica de alguien que hasta hoy resulta desconocido para su entorno. La conversación es muy  breve. Corta la llamada y se empalidece. El abogado barinés se levanta de su escritorio. Respira con profundidad.  Se dirige a la ventana principal, corre la cortina y observa que un auto presuntamente del Sebin se acaba de detener frente a los estudios del circuito radial.  La angustia es intensa e inmensa.

En el Congreso Nacional, el vicepresidente del parlamento, Roberto Hernández, recuerda a todos que con la no comparecencia de Velásquez Alvaray equivale a aceptar los cargos que se indican en el expediente. Varios colegas suyos toman la palabra, unos para defender su ausencia, otros, la mayoría, para fustigarlo y ratificar su eminente remoción. Hernández saca de su bolsillo una carta que Velásquez Alvaray, por medio de sus asistentes, hizo llegar a la Asamblea Nacional.  “Las razones por las que no asistiré, ni me prestaré para dar el show es el que quieren exhibir mi cabeza en un platillo como trofeo electoral”, decía la misiva del magistrado, el que insistió que no fue legalmente notificado con 72 horas previas para finalmente catalogar el hecho como una persecución política y un plan de aniquilación contra su persona.

Mientras en el parlamento los dimes y diretes están en pleno apogeo, todos se preguntan si Velásquez Alvaray aún se encuentra en Venezuela. Todo indicaba que una vez interpelado y removido de su cargo, el próximo paso sería su enjuiciamiento, por lo que una de las alternativas que tenía era escapar del escenario político y del país para poder salvarse. Ya en varias partes corría el rumor que el ex presidente de la DEM no estaba en territorio venezolano.

Del presunto vehículo del Sebin no desciende alguien, pero es cuestión de poco tiempo.  Barazarte regresa a su escritorio. De manera ágil abre la gaveta y toma una pistola 9 mm. Casi corre al baño de la oficina y allí se encierra. Un disparo es escucha como un trueno. La recepcionista se levanta asustada de su silla y corre a la oficina de su jefe. Toca varias veces la puerta. La abre y, tras un vistazo por todo lados, se dirige al baño, donde encuentra a Barazarte tirado, con un charco de sangre bajo y alrededor de su cabeza. El reconocido dirigente político y también ex candidato a la alcaldía de Barinas se ha quitado la vida.

De repente, cual estallido de bomba, los celulares de gran parte de los presentes están que revientan. Una noticia transforma el ambiente: Antonio Barazarte acababa de suicidarse. Los parlamentarios por Barinas ahora son los más requeridos por la prensa nacional para que informen los detalles del suceso. Se escuchan lamentos y se observan diversos gestos por parte de los parlamentarios, algunos de los cuales se niegan a creer el suicidio. Ya Velásquez Alvaray, según la ley, había quedado convicto y confeso, además de removido.

Conmoción en dos escenarios

La opinión pública barinesa estaba conmocionada y confundida, pero era una amarga realidad: Antonio Barazarte se había suicidado de un tiro en la cabeza. La noticia, cual pólvora, se corrió por los cuatro puntos cardinales de la región barinesa y rápidamente se extendió por todo el país. Un gentío se aglomeró frente a los estudios de las emisoras que dirigía el abogado y político. La policía uniformada hacía su labor de custodiar la escena. Detectives del Cicpc- Barinas arribaron al lugar e iniciaron sus experticias.

En la Asamblea Nacional, los lamentos eran constantes. Llovieron las llamadas telefónicas a Barinas para confirmar la triste noticia. Algunos comentaron lo que realmente ocurrió: lo acontecido en el hemiciclo fue crucial para que Barazarte tomara la drástica determinación. De lo que allí sucediera dependía su futuro inmediato suyo. Un compadre supo escapar del terremoto político  que le venía encima. El otro quedó atrapado y prefirió acabar con su vida antes de ser sometido al escarnio público. En el hemiciclo nacional se decretó su muerte. En su oficina se ejecutó.

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