La masacre de Corocito: 12 años esperando justicia plena

*A casi doce años de este suceso, escenificado en la calle nueve del bario Corocito, a los funcionarios se les imputó los delitos de homicidio calificado, simulación de hecho punible, quebrantamiento de pactos y convenios internacionales, y uso indebido de armas de fuego, en un caso en el que hasta el entonces presidente Hugo Chávez, intervino.

* Las víctimas, William José Romero Pantoja (22), Dany Alexander Betancourt  (21) y William Ernesto Garzón Vergara  (18), se desplazaban en un vehículo cuando fueron interceptados por los efectivos policiales en la madrugada del 9 de octubre de 2010. Desde este momento comenzó lo que posteriormente se demostró un acto de exceso policial y la simulación de un enfrentamiento. Tres vecinos del lugar intentaron evitar el hecho y resultaron lesionados.

El  fantasma de un oscuro recuerdo que segó la vida de tres jóvenes aún pareciera estar en la calle nueve del barrio Corocito.  La madrugada del 9 de octubre de 2010 aquel lugar fue escenario de un suceso que dejó un cóctel de elementos que hoy día todavía causan dolor y trauma en los dolientes de esos chicos. Quedaron   sentimientos que se mantienen vivos en el alma de sus familias.

Ocho funcionarios del Cuerpo de Policía del estado Barinas, adscritos en la zona sur de la capital barinesa, se vieron involucrados  en la, muerte de los jóvenes. William José Romero Pantoja,Dany Alexander Betancourt y William Ernesto Garzón Vergara, en un procedimiento caracterizado por excesos policiales y hasta simulación de hecho punible, y cuyos resultados fue la muerte de estos tres chicos, además  de tres vecinos del sector que acabaron heridos en un intento por intervenir en favor de los ahora fallecidos .

Y es que, según las pesquisas practicadas por los investigadores policiales y del Ministerio Público, los ocho efectivos policiales no sólo perpetraron delitos en el sitio del hecho para simular un enfrentamiento, sino que se atrevieron a extender esta tesis en la morgue de la Policía Científica, donde prosiguieron con acciones tendentes a desvirtuar lo que realmente ocurrió 

Antes de las seis de la mañana de ese día (domingo),  familiares y amigos de los tres jóvenes, consternados e incrédulos, se volcaron frente a la sede del Cicpc-Barinas. No se cansaban de preguntar cómo fue que se produjo el supuesto enfrentamiento, al tiempo que prometían llevar este hecho hasta sus últimas consecuencias, pues para ellos el careo nunca se produjo.

William Garzón, padre de Wiliam Ernesto, alzó su voz de protesta en medio de un profundo dolor al asegurar que los funcionarios policiales ajusticiaron a su muchacho y a sus dos amigos. No dudó de esa hipótesis en ningún momento y así lo hizo saber a connotados representantes del gobierno nacional, tanto que hasta el propio presidente en esa época, Hugo Chávez Frías,  lo llamó tiempo después para lamentar lo sucedido y garantizarle que el estado haría cumplir la justicia ante semejante suceso.

Pasarían cuatro años para que los organismos judiciales ejecutaran  acciones ajustadas al caso. Los ocho funcionarios policiales implicados  :  Jesús Suárez Márquez (42), José Suárez Jiménez (33), Manuel Muchacho Roa (28), Germán Rey Benavides (30), Gil Dávila Mendoza (30), Yoirnández Díaz Colmenarez (30), Henry Pérez Bustamante (29) y Freddy Patiño Barrera (23), fueron acusados y procesados por los delitos de homicidio calificado, simulación de hecho punible, quebrantamiento de pactos y convenios internacionales, y uso indebido de armas de fuego. 

El tiempo demostraría que los tres jóvenes fueron blancos de un ajusticiamiento y así lo declararon los tres vecino que resultaron lesionados por los efectivos policiales cuando trataron de evitar el exceso policial

Vil madrugada 

La noche se hizo larga para los tres muchachos  quienes, a bordo de un vehículo conducido por Garzón, propiedad de su padre, la pasaron bien con sus novias, entre tragos, música y farra. Era  la madrugada  del 9 de octubre del año 2010. 

William José Romero Pantoja (21) , Dany Alexander Betancourt (22) y William Ernesto Garzón Vergara (18), estudiante del II semestre de ingeniería civil, deciden regresar a casa, luego que dejaran a una de las chicas en el barrio Corocito. Arrancaron el auto y cuando transitaban por la calle nueve del mencionado lugar algo  inesperado ocurrió.

Funcionarios policiales adscritos a la zona sur de la capital  cumplían su ronda por el lugar y se percataron de la presencia del automotor en medio de la oscuridad. Les resultó sospechoso.

Dos de los motorizados se adelantaron a la marcha del auto y dieron la voz de alta , pero algo sucedió para que el trío hiciera caso omiso a los representantes de la ley.

El testimonio de los funcionarios policiales reveló  que los tres chicos, en lugar de atender la petición policial, aceleraron el automotor, lo que generó el malestar de los uniformados y por ello solicitaron refuerzo ante la sospechosa actitud de los jóvenes.

Los ahora fallecidos no huyeron lejos, pues más adelante otros funcionarios motorizados los esperaban con las armas de reglamento listas para cualquier eventualidad. 

Hubo gritos , pero los vecinos despertaron con las primeras detonaciones. Tres de ellos intentaron intervenir a favor de los muchachos, pero también fueron agredidos en medio de la riña.

En ese momento, los jóvenes  habían sido baleados dentro del vehículo. El bullicio causó que numerosas familias salieran a averiguar.

Los tres vecinos lesionados, que luego se convirtieron en testigos claves del hecho, aseguraron que nunca hubo enfrentamiento, ya que los muchachos no andaban armados y , a juicio de ellos, los funcionarios policiales impidieron, a la fuerza, que se 

acercaran a la escena.

 Un plan nefasto

Con los tres cadáveres en escena y un gentío gritándole a los funcionarios policiales con palabras subidas de tono ante lo que consideraban una  muy cobarde acción, la madrugada iba avanzando. Los policías no permitieron el avance de los vecinos. Las horas parecían infinitas para que al lugar arribara la comisión del Cicpc.

Cuando los expertos arribaron lo primero que percibieron fue una escena incómoda,  por lo que había que actuar con sensatez y cordura.

Los cuerpos de los chicos  fueron cargados por la comisión detectivesca en medio de dudas e interrogantes que sólo el tiempo respondería.

Dudas, impotencia, llanto e incertidumbre, eran los sentimientos de los familiares de los occisos pocas horas luego de que fueran informados acerca de lo ocurrido.  Buscaban respuesta de lo que en principio les informaron acerca de un supuesto enfrentamiento. Pero una serie de interrogantes no fueron respondidas de manera efectiva por parte de las autoridades policiales. Algo comenzaba tornarse oscuro en el suceso. El fantasma de la angustia y dolor de perder a sus parientes se instaló en el alma de sus dolientes.

William Garzón juró desde ese día que la muerte de su hijo y de sus dos amigos no quedaría impune. Se armó de valor y valentía para enfrentar lo que, a todas luces, no parecía un enfrentamiento. Juró que no descansaría hasta ver ante la justicia a quienes propiciaron y ejecutaron esas muertes. 

De acuerdo al resultado de las experticias practicadas por los peritos de balística de la Policía Científica, sub delegación Barinas, los tres jóvenes  fueron blanco de un cobarde ajusticiamiento por parte de los  efectivos.

El entonces director del Cpeb, general (GNB) Guiseppe Cacioppo Olivieri, reconoció que los funcionarios cometieron una serie de abusos en durante el procedimiento.

El señor Garzón aseveró que a los chicos  les hicieron disparar las armas sembradas para hacer creer que sí se trató de un enfrentamiento.

Aunque ello pareciera un poco especulativo, la realidad fue que después de aquel 9 de octubre de 2010 se iniciaba un hecho muy particular en el seno del Cuerpo de Policía del estado Barinas, luego que los entes investigadores y la Fiscalía del Ministerio Público determinaran, tras profundas pesquisas  científicas, que los ocho funcionarios abusaron de su autoridad desde el instante en que decidieron detener a tres jóvenes.

Esa misma mañana los medios de comunicación social de Barinas y algunos de circulación nacional denominaron aquel suceso como “La Masacre de Corocito”.

Ante la justicia

Pasarían cuatro años para que los funcionarios que actuaron aquella madrugada fueran puestos ante la justicia y conocer los delitos por los cuales se les imputaba. 

Antes que fueran imputados , algunos de estos efectivos policiales permanecieron detenidos en la sede del comando de la policía estadal y otros fueron investigados en libertad. Al final, todos fueron apresados mientras esperaban los pronunciamientos de los entes judiciales.

El nueve de mayo de 2013 se celebra la primera audiencia, pero es diferida hasta  dos semanas luego  por los imputados. La Juez Claudia Rizza les dicta privativa de libertad, hasta que la Juez Suplente María Isabel Camacho les da medidas sustitutivas de libertad el 7Jul2015.

Los dolientes de los fallecidos denunciaron varias veces que “gente enviada por los imputados” amenazaron y presionaron a los familiares de los fallecidos, a fiscales y a jueces. Así quedó registrado. 

Finalmente, el 18 de noviembre de 2014, los fiscales 76º nacional y 18º de la  jurisdicción Barinas, Julio César Acosta y Yean Carlos Vinci, respectivamente, ratificaron la acusación contra los ocho funcionarios por los delitos de “homicidio calificado con alevosía por motivos fútiles e Innobles, simulación de hecho punible, uso indebido de arma de guerra, quebrantamiento de tratados internacionales.

Se les adicionó el delito de  lesiones personales intencionales en grado de complicidad correspectiva en contra de los tres vecinos de Corocito que salieron a socorrer a los jóvenes .  

En  medio de tanta tensión, se analizaron  las pruebas presentadas por los fiscales del caso. El tribunal 2º de Control de Barinas admitió la acusación y ordenó el enjuiciamiento de los ocho funcionarios y que se mantenga la medida privativa de libertad, en el centro de coordinación policial de Barinitas.

Que la justicia brille por completo 

William Garzón afirmó que la justicia comenzaba s reflejarse en este triste caso, del que aseveró varias veces nunca debió ocurrir y con ello se evitaría una serie de hechos lamentables que acabó con la vida de tres chicos de una manera cobarde y sin sentido.

Con un sabor amargo y un poco dulce en su alma, Garzón recuerda sus desvelos por hacer justicia con un dolor perenne,  aunque  espera la sentencia definitiva. 

Aún rememora la llamada que le hizo el entonces presidente de la república, Hugo Chávez Frías, quien, luego de ofrecerle sus condolencias en su nombre y del gobierno, le garantizó  que las muertes no quedarían impunes.

A casi doce años de este escandaloso suceso, que tuvo resonancia nacional, parientes de los tres chicos esperan que la justicia brille con todo su esplendor.

Muchas cosas han acontecido desde entonces, pero el fantasma de un oscuro pasado sigue rondando aquella calle nueve, escenario testigo de lo que por siempre se llamará “La masacre de Corocito».

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