Mató a su familia a nombre de Dios Madrugada endemoniada

Mató a su familia a nombre de Dios

Madrugada endemoniada

* Un joven aparentemente sano y con una vida normal comete el más aberrante hecho la madrugada del 12 de octubre del 2018: mata a machetazos a su madre, a su hermana mayor, a su hijita y a su sobrinita, tras cuatro días ingiriendo licor en medio de un despecho que lo dejó sin aliento. Un acto de locura que el caserío de Santa Cruz de Obispos jamás olvidará y del que quedó marcado para siempre.

* Yolfran Alejandro González Gómez, de 22 años, con un filoso machete en un su mano derecha y una biblia en su mano izquierda, gritaba ser Dios y que estaba haciendo justicia, mientras asesinaba sin piedad a sus seres amados, al momento en que ellos dormían en sus habitaciones.

* Para los habitantes de aquel pueblo, Yolfran estaba completamente endemoniado cuando perpetró el monstruoso hecho, sin precedentes en la historia policial de Barinas. 

Por César Villamizar Trejo-.

La antesala a los demonios

Antes de cometer el aberrante hecho, Yolfran Alejandro González Gómez,  de apenas 22 años, era considerado un muchacho sano,  sin aparentes problemas y un humilde campesino,  al igual que el resto de sus familias y de la mayoría de habitantes del caserío Santa Cruz , municipio Obispos, cuya comunidad aún recuerda,  con escalofríos, la madrugada del 12 de octubre de 2018, cuando los demonios de aquel aparentemente humilde chico se manifestaron de la peor manera.

La casa número uno ubicada en el callejón Las Ánimas del mencionado caserío rural fue escenario de tan monstruoso hecho, del que los investigadores policiales guardan en sus archivos sobre casos atípicos y espeluznantes. Los días, desde aquella madrugada, no fueron iguales para los residentes de aquel sector. El horrible fantasma de aquella masacre familiar ronda en la casa de la familia González Gómez.

Y es que a cuatro años de aquel crimen múltiple familiar, los vecinos de la callejón  Las Ánimas todavía se preguntan porqué un joven sano y con una vida aparentemente normal de repente, en horas, se convierte en un sujeto extremadamente violento y con sed de sangre y muerte, con el agravante que sus víctimas fueron su madre,  su hermana y sus pequeños sobrino e hija.

El nombre de Yolfran Alejandro González  Gómez le dio la vuelta a Venezuela, a través de diferentes medios de comunicación social del país por  tan brutal suceso que protagonizó la madrugada del 12 de octubre de 2018. El asombro era inmenso.

Acabar con la vida de sus seres tan queridos con un machete y con la Biblia en la otra, mientras clamaba que era Dios y que tenía que hacer justicia, resulta totalmente una locura, un acto que carece de lógica de un ser que no está en sus cabales o, mejor aún: un ser cuyos demonios salieron de su interior para ejecutar semejante hecho.  Todos recuerdan al demonio que gritó ser Dios para matar a su familia.

Los demonios de Yolfran estaban a punto de irrumpir la paz de los suyos y la de un pueblo caracterizado por su tranquilidad y llevar una vida cotidiana entre la humildad del campesino y la ruralidad de su ambiente.

Este caso tan particular y repudiable cubrió las páginas de periódicos regionales y nacionales por su magnitud y sus protagonistas.

Un desamor con depresión

Yolfran Alejandro llevaba una relación amorosa con una atractiva mujer, que lo hacía muy feliz. Fueron largos meses de enamoramiento y de paz que el joven campesino de 22 años vivió con aquella chica. Su familia veía con buenos ojos a la pareja. Los planes siguientes serían vivir juntos y felices el resto de sus vidas, pero un infortunio echaría por tierra la fantasía a color que estaba viviendo aquella joven pareja.

En un abrir y cerrar de ojos, el hermoso castillo de finos naipes que Yolfran había construido con amor y felicidad, se derrumbó con un brutal huracán que acabó con todo.

Su mujer,   a la que juró amar con fuerza hasta el final, de repente lo abandonó. Se fue de su vida tras enamorarse de otro hombre.

Desde aquel instante,  la vida del campesino de 22 años se vino abajo. Una pena comenzó a atormentarlo lentamente hasta ahogar su alma.

Se negaba a creer aquella triste realidad. Sus horas fueron de melancolía, dolor,   humillación e indignación.

Durante cuatro días,  Yolfran Alejandro se hundió en una depresión que inevitablemente se hizo crónica. Se sentía el hombre más despreciable e infeliz del mundo. El licor y otros vicios fueron sus aliados.

Encerrado en su mente y en su casa, el trabajador del campo ingirió licor seco sin parar. Quería olvidar a aquella mujer, pero resultaba imposible.  Por el contrario, sus sentimientos eran los mismos por ella. No encontraba salida para el olvido.

Mientras bebía sin control y sin probar alimentos, Yolfran pensó en la Biblia que su mamá, Ana María Gómez,  tenía sobre la mesa de noche. La tomó y, sin especificar alguna página, empezó a leer varias citas.

Su madre y hermana le pidieron que parara la bebida y volviera a la vida normal, pero el chico apenas las escuchó sin atención. Era en vano. Su mente estaba totalmente opacada y alejada de cualquier realidad.

Sus amigos también intentaron hacer algo para aplacarlo, pero aquel no era el atento Yolfran. Una sombra oscura lo estaba transformando. Aquel era otro ser.

¡Soy Dios y haré justicia!

La tarde-noche del viernes 13 de octubre de 2018 fue aún más terrible para Yolfran y los parientes con los que vivía. Emborrachado, sin soltar la Biblia y con una mirada rara, Yolfran se seguía hundiendo en su fango emocional. Quedó en total silencio. Clavó sus ojos en la Biblia y aparentemente no dejaba de leerla.

Llegó la madrugada. Yolfran despertó de un breve sueño. Retoma los peajes bíblicos y se detiene en el viejo testamento.

Cerca de las tres de la madrugada, el joven cambia de rostro y sus ojos brillan.

Se levanta con calma. Camina hacia la habitación donde su familia guarda herramientas y otras cosas.

Toma el filoso machete y regresa a la silla donde ha pasado horas sentado y bebiendo sin parar.

Es en ese instante en que siente algo extraño e impensable en su ser. Pareciera que fuera a vomitar, pero de repente grita.

¡Soy Dios y vengo a hacer justicia!, es su clama.

Machete en mano, primeramente se dirige a la habitación donde duerme su madre.

Le grita a pocos metros. La mujer de 54 años despierta y se espanta al ver a su hijo tan extraño.

Apenas puede gritar una vez. Yolfran le propina tres machetazos sin parar. Los otros tres son en silencio. Su mamá ya no respira.

Con la sangre de su mamá en el machete y parte de su cuerpo, Yolfran camino con rapidez al cuarto de su hermana mayor, Yohana del Valle González,  de 29 años, quien duerme con sus tres pequeños hijos, entre ellos Sebastián Josué,  de sólo cuatro añitos, además de Jhoismar Alejandra González Martínez,  su hijita de dos añitos.

Yohana ha despertado con los gritos de su madre, pero ahora está frente a su endemoniado hermano , a quien le ruega no hacerle daño a ella ni a los niños. 

Yolfran grita nuevamente que es Dios y que tenía que hacer justicia. Su hermana pide auxilio a todo pulmón.

Yolfran la ataca a machetazos sin piedad hasta causarle la muerte.

El pequeño  Sebastián Josué también es víctima fatal de aquella bestia.

Pero el monstruo no se detiene y ataca a su propia hijita, Jhoismar Alejandra,  a quien le causa la muerte con el machete.

La casa número uno del callejón Las Ánimas de Santa Cruz de Obispos es escenario de caos y muerte.

A salvos

Por fortuna,  los otros dos hijos de Yohana logran escapar del endemoniado y, angustiados, imploran auxilio en varias casas.

Los vecinos, incrédulos,  escuchan a los dos inocentes. Se muestran atónitos de lo relatado por los niños entre llantos y lamentos. Los vecinos acuerdan rápidamente organizarse para ir  a la casa de los González Gómez. Están por ver algo horrible.No pierden más tiempo y corren a la casa.

Varios hombres entran a la residencia y se topan con una escena dantesca.

Se enfrentan a Yolfran,  al que logran desarmar entre varios y deciden atarlo a una silla, en el patio, mientras llaman a la policía.

Los funcionarios policiales  se muestran horrorizados al entrar a la casa. Yolfran Alejandro está enmudecido y con la mirada perdida. Acaba de asesinar a machetazos a su madre, a su hermana mayor, a su sobrinita e hijita.

Los demonios de Yolfran

Aquella madrugada quedó marcada en la humilde historia de Santa Cruz de Obispos. No hay instante en que se recuerde aquel dramático suceso que causó la muerte tan horrible de cuatro miembros de una misma familia a manos de uno de los suyos ser , el  que clamó ser Dios, pero en realidad era un ser cuyos demonios salieron a flote para manifestarse en su máxima expresión.

Los parroquianos del callejón Las Ánimas de Santa Cruz del municipio Obispos siempre tendrán en sus memorias aquella madrugada endemoniada.

Madrugada endemoniada

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