Casos sonados de última página XXVIII
Loca obsesión

Por
César Villamizar Trejo.

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Pálido, tembloroso y con una mancha de sangre en su antebrazo derecho, José Rafael Balza confesó lo que minutos atrás había cometido, cuando funcionarios policiales lo abordaron la noche del 23 de octubre del 2025. Los uniformados, lo requirieron porque lo vieron caminando muy sospechoso a orilla de la carretera. Los dos funcionarios a bordo de una motocicleta tenían frente a frente a Rafael Balza, quien, sin tener escapatoria alguna, prefirió hablar antes que las cosas fueran peores.

Antes de la confesión, Balza sacó un cuchillo que guardaba en su cinto y lo lanzó a la maleza, lo que llamó más la atención de los policías. Allí comenzó un breve interrogatorio por parte del funcionario que tripulaba la moto, pues el otro fue a buscar el arma blanca, pero antes que continuara, Balza lo interrumpió con una espeluznante confesión:

¡ La maté! Creo que está muerta! , exclamó el sospechoso, lo cual fue confirmado por el otro efectivo policial: ¡ Chamo, el cuchillo tiene sangre. Está diciendo la verdad…!,

¿Entonces es verdad?.. ¿ La mataste?., preguntó asombrado el policía con el arma blanca manchada de sangre en su poder..

_ La maté, no les dije. Mira, yo tengo sangre., respondió Balza, mientras levantaba su brazo derecho para mostrar la sangre que bordaba el codo.

¿ Y por qué la mataste?

¡ La maté porque me pedía dinero y se burlaba de mi..!, gritó.

Aquel procedimiento que parecía rutinario se convirtió en un caso de femicidio: el cadáver de la chica, ensangrentado, yacía inerte en la calle Miranda de Obispos, municipio Obispos.

Obsesión

El 23 de octubre de 2025, José Rafael Baza, ya lo tenía claramente decidido: aquella noche tenía que acabar con una pena que lo estaba ahogando y matando lentamente. Para él la responsable de aquellos sentimientos obsesivos no era otra que Luzdary Adriana, la joven de 25 años, de quien se enamoró perdidamente casi a solas. A sus 55 años, había apostado su vida, sin mirar complejos. Ella ocupó un lugar especial en su vida. Desde que la vio por primera vez quedó atrapado y nunca pudo liberarse..

Aquel día , el hombre de 55 años se fue a ingerir licor en varios lugares hasta las seis de la tarde, cuando recordó ansioso lo que le rondaba en su cabeza y lo atormentaba desde hace tiempo: saldar cuentas con la mujer que, según él, no lo tomaba en serio en la supuesta relación que ambos sostenían , pero que para muchos del entorno de ambos, aquello se trataba de una obsesión loca de Balazos.

«Estaba enamorado solo, obsesionado y sin esperanzas porque la muchacha (Luzdarys) nunca le correspondió», comentó , luego de la locura, un allegado a ambos.

José Balza sentía que su alma se le iba y que las ansias lo estaban devorando. Durante la noche anterior y en la madrugada intentó comunicarse con la mujer que lo tenía de cabeza, pero nunca escuchó su voz. Su ego estaba muy lastimado y se sintió humillado y burlado, pues, según diría luego, aquella linda chica lo estaba manipulando y no atendía lo que, a su juicio, era una entrega de amor sincero .

Madre dedicada

Luzdarys Adriana Perozo Soto era una muchacha atractiva. Cada mañana salía a buscar el sustento de sus cinco niños en un stand de belleza, en la Calle Miranda de Obispos, municipio Obispos, donde ganó bastantes clientes, la mayoría mujeres, gracias a su habilidad como manicurista. Nunca se imaginó que un hombre de 55 años, al que conoció una tarde en el local donde laboraba, se convertiría en uno de sus enamorados, pero, aún más: alguien que, en todo momento, estaba presto para ella y sus caprichos. Bastaba una palabra suya para que José echara a correr hacia ella.

Aunque al decir de muchos, aquel fantasioso enamoramiento de Balza no tenía futuro, pues la chica apenas conversaba con él y recibía sus ayudas sin compromiso.

! Se burló de mí..!

Fuentes policiales, apoyadas en interrogatorios y evidencias, señalaron luego que Balza presuntamente le había facilitado una cantidad de dinero a Luzdarys en calidad de préstamo, pero otras fuentes aseguraron que si bien lo del dinero fue cierto, nunca se trató de un préstamo, sino de supuestas ayudas económicas que ella recibió de su enamorado.

Los celos, la no reciprocidad, y una obsesión que no lo dejaba en paz, minaron el estado emocional de Balza, de tal manera que aquel miércoles tenía que acabar de raíz aquel problema. Y estimó que sólo había un camino: la muerte.

La ilusión de José lo estaba enloqueciendo cuando pensaba que Luzdaryslo estaba engañando o que se veía con otro. Su paz mental estaba por el suelo porque pensó que el dinero y sus regalos eran suficientes para conquistar a una mujer. Nunca le fue.

José , quien había reclamado el dinero varias veces a Luzdary Adriana, caminó despacio por la calle y esperó que ella saliera. Casi era de noche.La joven se despidió, sin imaginarse que fuera, a un costado del local, la esperaba José Rafael Balza. La discusión fue inmediata.

Los dos temblaban. Balza de la rabia y Luzdarys de miedo.El hombre no sólo reclamaba el dinero, sino la humillación y la burla que ella supuestamente siempre le mostró.

Sacó un filoso cuchillo de sus ropas. Se le fue encima a Luzdarsy. La cuchillada fue en el cuello y la otra en el pecho. La sangre salpicó al cuerpo del asesino.

La chica apenas pudo correr algo, pero se desplomó en segundos. Balza tomó el cuchillo ensangrentado, lo metió en uno de sus bolsillos y se fue a paso ligero.

La confesión de Balza se hizo viral a través de un video que recorrió parte del país: ¡ La maté porque me pedía dinero y se burlaba de mí ! .
Yo le tiré a la garganta..!.

Balza está purgando condena desde aquella noche. Los niños de Luzdary están bajo el cuidado de sus abuelos y tías. Y la calle Miranda de Obispos, testigo mudo de aquel cruel femicidio, es recordada con horror por lo sucedido. El fantasma de aquella muerte recorre las mentes de sus pobladores.

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