César Villamizar Trejo
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Dolor, llanto e impotencia fueron los tres perennes acompañantes del pueblo de Dolores desde que se enteró de la desgracia ocurrida la madrugada del pasado domingo cuando tres de sus hijos perdieron la vida de manera trágica. Sólo hubo espacio para un lamento que, sin duda, permanecerá con sus habitantes por siempre.
Los cuerpos de Jesús Aguirre, Adelso Rivero y y a Francisco Torres llegaron al pueblo antes del mediodía del domingo, huras después de que murieran en una colisión frontal de motocicletas que se registró alrededor de las tres de la madrugada, en la entrada al pueblo, el mismo que los vio nacer sanamente y los vio crecer hasta convertirse en hombres, con ese niño que nunca perdieron.
» Eran muy jóvenes para que murieran y menos de esa manera, pero la vida nos sorprende de una manera tan triste y tan fuerte que apenas nos damos cuenta cuando ya no estén entre nosotros oi s. Siento mucha lástima», comentó un viejo habitante de Dolores, quien aseguró haber visto crecer a los tres chicos.
La tarde del domingo un sabor muy amargo recorrió el alma de los familiares y amigos de los humildes habitantes de Dolores. Gente campesina que brega en el campo para ganarse el pan para su familia. Se negaban a creerlo.
Para unos, el fatal suceso fue una estocada para Dolores, donde algunos vecinos, en especial adolescentes, aún no creen lo que sucedió. Aún más: tuvieron la seguridad de ver a sus amigos regresar al pueblo lesionados y contando lo sucedido.
Pero la realidad fue demoledora: los tres hijos de Dolores perdieron la vida tras colisionar dos motos de manera frontal, en la entrada al pueblo, luego que uno de los conductores , al evitar caer en un cráter, se encontró de frente con el otro tripulante y el impacto de espantoso.
En el mismo son lugar
Adelso , Jesús y Francisco murieron en el acto y otros tres jóvenes, entre ellos dos mujeres, resultaron severamente lesionados.
La realidad se concretó cuando el pueblo, unido en un mismo dolor, esperó los tres féretros justamente en el mismo sitio donde perdieron la vida. Ironías de la vida.
Y la solidaridad se hizo mayor cuando los restos del trío de muchachos dirigía a sus respectivos hogares, dónde tres familias doloreñas lloraba a sus hijos.
El lunes fueron sepultados juntos en el cementerio del pueblo. Unidos, como la madrugada cuando también murieron a la misma hora. Ironías de la vida.
Dolor, llanto e impotencia fueron los tres perennes acompañantes del pueblo de Dolores. El lamento losvtebsrwn por siempre.