Alto Barinas Norte y Sur:
El caos de unas zonas residenciales que mutaron
a centros comerciales sin planificación

*** La gran interrogante de la colectividad barinesa es: ¿Quién vigila el cumplimiento de las variables urbanas? Los organismos municipales tienen la responsabilidad de velar porque el desarrollo comercial no canibalice la zona residencial. Sin embargo, la percepción ciudadana es que existe una «vista gorda» ante construcciones que violan los retiros reglamentarios y las ordenanzas de zonificación.

(Kathiuska Francis Marín). – Lo que alguna vez fueron calles diseñadas para el silencio y la vida familiar, hoy se han transformado en un epicentro de actividad económica frenética. El eje de Alto Barinas Norte y Sur, concebido originalmente bajo una zonificación estrictamente residencial, atraviesa una metamorfosis agresiva, pues la proliferación de negocios —muchos de ellos operando bajo la figura de «permisos especiales» que contradicen el espíritu de las ordenanzas municipales— ha desplazado la calidad de vida de sus habitantes.
El crecimiento de una ciudad es natural, pero el problema en Barinas radica en la anarquía del uso de suelo. El concepto de «Uso Conforme» es hoy un término difuso en las oficinas de planeamiento urbano, por lo que se han otorgado licencias comerciales en parcelas que, estructuralmente, no poseen la capacidad de carga para la actividad que desempeñan.
Esto ha generado un conflicto directo entre el derecho al libre ejercicio económico y el derecho al descanso y a la privacidad de los residentes fundadores, quienes ven cómo sus frentes son invadidos por locales que, en su mayoría, carecen de áreas de estacionamiento propias.
Los nudos críticos del conflicto
El diagnóstico de los vecinos es unánime y se resume en tres puntos que han convertido las noches y fines de semana en un calvario iniciando con la invasión del espacio público y privado, al no existir zonas de carga, descarga ni estacionamientos suficientes para la clientela, los vehículos son aparcados frente a los garajes y portones de las viviendas. Esto no solo genera molestias vecinales, sino que obstruye el libre tránsito en calles que no fueron diseñadas para alto flujo vehicular.
Igualmente, la contaminación acústica desbordada, pues muchos de estos comercios (bodegones, cafés y locales nocturnos) operan con plantas eléctricas ruidosas o sistemas de sonido a altos decibeles que superan con creces los límites permitidos por las normas ambientales. La música de «terraza» se convierte en una pesadilla para hogares con niños, ancianos o personas enfermas.
Además, en estas zonas lo que existe es la «Ley de la Selva» nocturna, pues al caer el sol, el control parece diluirse. La falta de patrullaje preventivo y la permisividad de los organismos competentes permiten que el comercio nocturno se extienda sin respetar los límites de convivencia ciudadana, dejando tras de sí basura y desorden en zonas que deberían ser de retiro.
La omisión de los organismos competentes
La gran interrogante de la colectividad barinesa es: ¿Quién vigila el cumplimiento de las variables urbanas? Los organismos municipales tienen la responsabilidad de velar porque el desarrollo comercial no canibalice la zona residencial. Sin embargo, la percepción ciudadana es que existe una «vista gorda» ante construcciones que violan los retiros reglamentarios y las ordenanzas de zonificación.
Hacia una solución necesaria
Barinas necesita inversión y crecimiento, pero esto no puede darse a costa del bienestar de su gente. Es urgente una revisión de las ordenanzas de zonificación y una fiscalización real que: exija a cada comercio la habilitación de sus propios puestos de estacionamiento, que sancione severamente la contaminación sónica y que finalmente, establezca límites claros entre los corredores comerciales y las calles internas de las urbanizaciones.
El desarrollo de Alto Barinas no puede ser sinónimo de caos. Sin orden, la zona terminará devaluándose tanto para vivir como para invertir, convirtiéndose en un laberinto de asfalto donde el respeto al vecino quedó en el olvido.

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