El Camaleonismo Político: Los Oportunistas en Tiempos de Transición

Por: Kathiuska Francis Marín
La política, en su esencia más pura, debería ser el ejercicio de servir al bien común. Sin embargo, en el panorama actual del país, tras el cierre de un ciclo de gestión regional que navegó entre las aguas turbulentas de la verdad y la mentira, observamos un fenómeno tan antiguo como pernicioso: el oportunismo de los «hombres y mujeres de paja».


La historia reciente nos recuerda que la legitimidad obtenida en las urnas —aquella victoria reñida bajo el estandarte de Freddy Superlano— no siempre se traduce en una gestión robusta. El gobierno de Sergio Garrido quedó marcado por una percepción de debilidad administrativa, donde las voces externas y los «titiriteros» detrás del trono parecieron mover los hilos con más fuerza que la voluntad ejecutiva.
En ese entorno, el gobernador se rodeó de una mezcla heterogénea: figuras de trayectoria respetable compartiendo espacio con personajes de escasa credibilidad. Hoy, ante el cambio de marea, vemos cómo estos últimos intentan «colarse» silenciosamente en las filas de los partidos con mayor respaldo popular, buscando asegurar su supervivencia política sin haber rendido cuentas por sus acciones pasadas.
La Ética Olvidada y las Campañas de Descrédito
Resulta alarmante ver cómo personas que ocuparon cargos de confianza en la gestión anterior —y que cumplieron órdenes de «superiores» para ejecutar campañas de descrédito contra sus propios colegas de gremio— hoy pretenden presentarse con una cara renovada.
La memoria colectiva no debe ser frágil. Aquellos que usaron el poder para atacar la integridad de otros comunicadores y profesionales, ampliando brechas de odio y desinformación, no pueden ser los arquitectos de la nueva etapa que el país reclama. El oportunismo no es una estrategia de crecimiento; es un lastre que contamina las estructuras democráticas.
Hacia una Alianza Nacional por la Libertad
El momento histórico actual exige más que simples parches políticos. Existe una plataforma que debe trascender el sectarismo para convertirse en una verdadera Gran Alianza Nacional por la Libertad y la Democracia.
Pero esta alianza debe tener filtros éticos. No se trata solo de sumar números, sino de sumar voluntades honestas. Como bien se dice: «Todo en su momento, y todo tiene un porqué». El porqué de la crisis de gestión pasada radica en la falta de autonomía y la infiltración de intereses particulares; por lo tanto, la solución no puede ser reciclar a los mismos actores que aplaudieron el error.
La reconstrucción de la confianza ciudadana pasa por la coherencia. El país necesita líderes que no sean movidos por hilos invisibles y equipos de trabajo cuya credibilidad resista el escrutinio público. Es hora de cerrar el paso al camaleonismo y abrir las puertas a una política de rostro limpio, donde la verdad no sea una opción entre dos mareas, sino el único puerto seguro.