*El pasado domingo, la depresión silenciosa acabó con la vida de Moisés Sebastián Peña Arias (18) e ISAHIN JACOB RIVAS SANDOVAL, de apenas 15 años. Hace un mes , el liceísta John Caicedo Dávila (16) se quitó la vida en su casa , en el barrio Chamicero.
César Villamizar Trejo.-
La depresión silenciosa, esa en la que la persona mantiene su vida social y laboral activa mientras sufre internamente síntomas depresivos, a menudo ocultos tras una fachada de normalidad, ha arrebatado la vida de tres adolescentes en la región barinesa en menos de dos meses. Y el pasado domingo la muerte fue por partida doble, en diferentes sucesos registrados en nuestra ciudad.
John Caicedo Dávila (16) , estudiante de bachillerato; ISAHIN JACOB RIVAS SANDOVAL, también estudiante de apenas 15 años, y Moisés Sebastián Peña Arias (18), estudiante de medicina y conocido deportista merideño, en ese orden, han tomado la drástica determinación agobiados por problemas emocionales que sólo ellos pudieron conocer a fondo y que el mismo entorno de ellos ni se enteró.
Caicedo Dávila, un chico sin aparentes problemas, cursaba el cuarto año de bachillerato cuando. encerrado una madrugada en su residencia en el barrio Chamicero, tomó su celular para enviar un mensaje desgarrador a su madres antes de caminar hasta el patio y cometer el fatal hecho. Fue el pasado 11 de abril.
Isahin Jacob Rivas Sandoval, un muchacho estudiante de bachillerato con domicilio en Quebrada Seca de esta ciudad, se convirtió en otro jovencito que no encontró salida frente a una tensa situación. Se encerró en su habitación y su vida la apagó sin medir consecuencias del dolor que causaría a los suyos.
Moisés Sebastián Peña Arias (18), estudiante del primer año de fisioterapia de la Universidad de las Ciencias de la Salud (UCS) en esta ciudad y nativo de Pueblo Llano, estado Mérida, destrozó sus sueños la madrugada del pasado domingo tras estar solo en su habitación.
Jóvenes con proyectos que alguna vez soñaron con ansias y que abrazaron en determinado momento; chicos que parecían normales y sin aparentes conflictos, salvo pequeños momentos de tristeza que, como otros adolescentes, deberían ser muy pasajeros.
Silenciosamente escandalosa
La rutina de estos muchachos, como tantos, era normal, pero el vacío que sentían era exclusivo para ellos. Jóvenes que, en grupo, reían y charlaban, pero un monstruo interior lo acompañaba en sus almas: La depresión silenciosa o funcional.
La cantidad y las circunstancias asombran: tres adolescentes acaban con sus vidas arrastrados por una profunda depresión, con la que no pueden seguir luchando.
Es momento de un llamado urgente a las autoridades competentes, pero también a los padres, educadores. tutores. religiosos y en fin, a todo el que puede aportar un grano de arena frente a este grave problema que amenaza con crecer porque todos debemos comprometernos por la salud mental y/o emocional de los adolescentes.
Un desafío en la mira
El desafío ahora está más claro y el enemigo ya está arrastrando vidas de chicos aparentemente normales. Un llamado urgente a quienes tienen peso y autoridad para actuar y contribuir para enfrentar a un monstruo que acecha y ataca sin piedad y que deja a su paso tristeza, llanto y un dolor intenso que no se supera.