*** «Ya no es cansancio, es indignación», coinciden los vecinos de distintos sectores de la capital barinesa, quienes exigen a las autoridades de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) y a la gobernación del Estado un pronunciamiento serio, un cronograma de racionamiento que se respete y, sobre todo, inversiones reales en la infraestructura del sistema eléctrico.
(Kathiuska Francis Marín Marín).- La paciencia de los habitantes del estado Barinas parece haber llegado a su punto de quiebre. En las últimas semanas, la crisis eléctrica ha escalado a niveles insostenibles, amenazando con provocar un verdadero «corto circuito» en el ánimo de una población que ya se declara exhausta y abandonada a su suerte ante la falta de soluciones.
Los barineses denuncian que la rutina diaria ahora la imponen los severos planes de racionamiento, pues, actualmente, la entidad padece hasta tres bloques diarios de apagones, sumando en promedio unas 15 horas al día sin fluido eléctrico. Esta situación mantiene paralizado el comercio local, destruye los pocos electrodomésticos que quedan sanos y sabotea el teletrabajo y la educación de los jóvenes.
A la oscuridad y la paralización económica se le suma un enemigo implacable: el intenso calor característico de la región llanera, ya que las temperaturas frecuentemente superan los 35 grados centígrados, pasar más de la mitad del día sin ventiladores ni sistemas de refrigeración ha transformado los hogares en auténticos hornos. Los ciudadanos reportan insomnio generalizado, fatiga crónica y un impacto severo en la salud mental de niños y adultos mayores, quienes son los que peor sufren las consecuencias de la deshidratación y el sofoco.
«Ya no es cansancio, es indignación», coinciden los vecinos de distintos sectores de la capital barinesa, quienes exigen a las autoridades de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) y a la gobernación del estado un pronunciamiento serio, un cronograma de racionamiento que se respete y, sobre todo, inversiones reales en la infraestructura del sistema eléctrico.
De continuar esta presión psicológica y física sobre la población, los representantes vecinales advierten que el malestar social podría desbordarse, ya que los barineses aseguran no estar dispuestos a seguir viviendo en una constante penumbra que quema su calidad de vida.