César Villamizar Trejo.-
Muy jóvenes, sanos, estudiantes y de buena familia. Así eran los rasgos que compartían los cuatro chicos que se han quitado la vida en la región en menos de dos meses, situación que ocupa la atención de la sociedad barinesa y que dispara con fuerza las alarmas en las autoridades y comunidad en general.
Moisés Sebastián Peña Arias (18) , ISAHIN JACOB RIVAS SANDOVAL, de apenas 15 años, John Caicedo Dávila (16) y recientemente César Daniel Mejías, de 19 años, tenían bastante afinidad en lo que respecta a la relaciones con sus seres queridos y los roles que cumplían como estudiantes, lo que ha sido un detalle muy comentado en la entidad.
La depresión silenciosa, esa en la que la persona mantiene su vida social y laboral activa mientras sufre internamente síntomas depresivos, a menudo ocultos tras una fachada de normalidad, ha arrebatado la vida de estos cuatro jovencitos en la región barinesa en menos de dos meses.
La tragedia de estas cuatro familias se inició el 11 de abril, cuando John Caicedo Dávila, estudiante de cuarto año de bachillerato, acabó con sus días en el patio de su residencia, ubicada en el barrio Chamicero , parroquia Ramón Ignacio Méndez, tras escribir en su celular un mensaje desgarrador que aún espanta: «Mamá, no quiero morir», lo que generó no sólo angustia de una familia sana y trabajadora, sino inició una profunda investigación por parte de la Policía Científica, delegación Municipal Barinas, sin que hasta el momento se tenga conocimiento de las indagaciones.
El domingo 10 de mayo, la pesadilla fue doble con los suicidios de los jóvenes Isahin Jacob Rivas Sandoval y Moisés Sebastián Peña Arias , en sucesos registrados en Quebrada Seca y en la parte alta de la ciudad.
Rivas Sandoval, un muchacho estudiante de bachillerato con domicilio en Quebrada Seca de esta ciudad, se convirtió en otro jovencito que no encontró salida frente a una tensa situación. Se encerró en su habitación y su vida la apagó sin medir consecuencias del dolor que causaría a los suyos.
«Nunca tuvo conflictos de ningún tipo. Un muchacho sano y de una familia muy apreciada en Quebrada Seca. No entendemos nada lo ocurrido», refirió ese día un amigo cercano de la familia Rivas Sandoval.
El tercer joven que tomó la drástica determinación de quitarse la vida también por ahorcamiento fue Moisés Sebastián Peña Arias (18), estudiante del primer año de fisioterapia de la Universidad de las Ciencias de la Salud (UCS) en esta ciudad y nativo de Pueblo Llano, estado Mérida, quien en segundos destrozó sus sueños la madrugada del pasado domingo tras estar solo en su habitación.
Como en los casos anteriores, la muerte de este deportista y estudiante de fisioterapia causó bastante conmoción y profunda tristeza entre sus familiares, vecinos, compañeros de estudios y amigos en general, los cuales no encontraron respuestas a sus inquietudes e interrogantes tan intrigantes.
El caso más reciente fue el del joven César Daniel Mejías, estudiante de Hotelería de la Universidad de Turismo (Unatur) e integrante de una familia que por años ha impulsado la recreación y el turismo en el municipio Bolívar, donde gozan de aprecio y el cariño de la comunidad.
Mejías tomó la fatal decisión la mañana del pasado lunes, aprovechando que había quedado solo en la casa que compartía con los suyos.
eran jóvenes con proyectos que alguna vez soñaron con ansias y que abrazaron en determinado momento; chicos que parecían normales y sin aparentes conflictos, salvo pequeños momentos de tristeza que, como otros adolescentes, deberían ser muy pasajeros. Pero había algo más. Ese demonio que nadie vio.
Cuatro casos similares
En el ambiente queda el dolor colectivo de un pueblo testigo de esta pesadilla que le ha tocado vivir a cuatro familias de buen proceder. Y queda una sensación fantasmal de una ola que, quiera Dios, no continúe. Pero también queda el misterio de cuatro jóvenes suicidas, cuyos perfiles personales eran muy similares, repletos de vida, de sueños y con un porvenir que lucía pmuy grandioso.