«No puedes meter toda tu vida en una maleta»:
El desgarrador testimonio de Yanni González
tras 5 meses de prisión política en Barinas

*** «Me privaron de libertad de manera ilegal. Nunca me dijeron qué delitos me imputaban», recuerda Yanni. Lo supo 14 días después, a las 11 de la noche, en una audiencia telemática: asociación para delinquir, terrorismo y traición a la patria. El «combo» habitual para la disidencia.

Por: Kathiuska Francis Marín. –
Un cuarto de dos por dos metros. Un baño compartido sin intimidad, donde el agua solo llega de madrugada. El eco de los cerrojos y el zumbido constante de la ansiedad que se cura con ansiolíticos. Esa fue la realidad durante 5 meses y 19 días para la licenciada Yanni González, presidenta del Colegio de Enfermeras del Estado Barinas.
Su delito, ante los ojos de un sistema que persigue la disidencia, fue el mismo que ha marcado sus 35 años de servicio profesional: defender el derecho a la vida, visibilizar la crisis humanitaria y negarse a dejar morir a sus compañeros de gremio.
Hoy, a meses de haber recuperado una libertad condicionada, Yanni se sienta frente a nosotros. Sus ojos reflejan el cansancio de quien ha mirado de cerca la crueldad, pero también la luz inquebrantable de una convicción que el encierro no logró quebrar.
Yanni González es egresada de la Universidad de los Andes (ULA). En 2015 asumió el compromiso gremial y, tras la pandemia, tomó las riendas del Colegio de Enfermeras de Barinas. «Desde el día uno sentí que tenía condiciones para esto», relata con una voz que mezcla nostalgia y firmeza. «En la pandemia nos comprometimos a que se les garantizara a nuestros profesionales las barreras de protección. Queríamos evitar que se contagiaran, que perdieran la vida por la precariedad del sistema».
Esa vehemencia la convirtió en un blanco. Tras las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, la persecución se radicalizó. Infiltrados en las asambleas, fotografías clandestinas y amenazas la obligaron a huir en la madrugada del 2 de agosto hacia la clandestinidad fuera del país.
«Fue una salida clandestina, como si hubiese cometido un delito. Pero regresé a los tres meses. Regresé porque entendí que esto es un tema social que requiere el compromiso de los ciudadanos. No me he robado nada».
Sin embargo, el aparato represivo no olvida. El 22 de julio de 2025, al salir de su oficina gremial en Barinas, fue abordada por una comisión del CICPC. Le dijeron que era solo «una entrevista». No volvió a su casa esa noche.
El Shock del «Combo»: Terrorismo y Traición a la Patria
«Me privaron de libertad de manera ilegal. Nunca me dijeron qué delitos me imputaban», recuerda Yanni. Lo supo 14 días después, a las 11 de la noche, en una audiencia telemática: asociación para delinquir, terrorismo y traición a la patria. El «combo» habitual para la disidencia.
«Cuando uno escucha eso, se queda en shock. ¿En qué momento cometí todos estos delitos? Queda la reflexión de la saña, de la intención tan inhumana».
Al día siguiente, el cuerpo de Yanni colapsó. Una crisis hipertensiva con compromiso cardiovascular la llevó de emergencia a una hospitalización. «El acoso de la plana mayor de ese cuerpo de seguridad fue terrible. Decían que yo estaba haciendo un teatro para escaparme, cuando yo jamás puse resistencia. Creo que buscaban provocarme un infarto».
El encierro: Dos por dos y la fe en altas horas de la noche
Al salir del hospital, su celda fue el área de homicidios del CICPC Barinas. Un calabozo minúsculo compartido inicialmente con un anciano enfermo, y un baño que usaban también todos los detectives de la sede.
«No tienes intimidad. Yo trataba de bañarme en altas horas de la noche, que era cuando llegaba el agua, para lavarme el cabello y estar un rato a solas. El resto del día no había espacio para respirar», confiesa conmovida.
Para no perder la cordura, Yanni se negó a llevar una cuenta de los días en un cuaderno. «Ver una equis sobre cada fecha era más duro para mí». Se refugió en la lectura, en la reconciliación con Dios y, de manera silenciosa, en los medicamentos. «Lograba dormir porque me inducía el sueño con ansiolíticos. Comencé con 0.5 miligramos y al salir ya tomaba dos».
Los cuerpos de seguridad jugaban con su mente: le prometían visitas de sus hijos y se las cancelaban en la puerta sin motivo. Pasaban semanas enteras en un aislamiento gris.
El 10 de enero: El día que el lamento se volvió incredulidad
A principios de enero, el ambiente cambió. Los ecos de las negociaciones internacionales y los acontecimientos del 3 de enero llegaron a su celda. El temor de Yanni no era por ella, sino por los presos políticos recluidos en El Helicoide, en Caracas. Entonces, de una forma que prefiere mantener en secreto, vio un video: María Corina Machado la nombraba públicamente como un símbolo de la resistencia.
El sábado 10 de enero, a las 9 de la mañana, le ordenaron recoger sus pertenencias. Iba a salir en libertad.
«No lo creía. Pensaba que estaban jugando conmigo. A las 10 llegó mi hijo mayor y me dijo: ‘Mamá, nos vamos’. Ahí empecé a asimilarlo».
La espera por la boleta de excarcelación se prolongó hasta las 4:30 de la tarde. Fueron siete horas de terror puro. «Mi único pensamiento era: Dios mío, si revocan la medida y no me dejan ir…». Finalmente, firmó la boleta, no le dejaron copia del soporte y le ordenaron presentarse en tribunales el lunes siguiente.
«Describir lo que sentí al salir… No existe una palabra. Si han sido solo unas horas de privación injusta es terrible, cuánto más para los que duraron años. Fueron 5 meses y 19 días que se hicieron eternos. Hubo momentos donde pensé: «de aquí no salgo nunca».
El regreso a la libertad y el leve temor que persiste
La primera noche en su cama, Yanni no durmió. Decidió no tomar ansiolíticos y la luz del amanecer la encontró con los ojos abiertos, intentando ubicarse en el tiempo. «Estuve muchos días desorientada, perdiendo la noción de las horas».
Tiene prohibido dar declaraciones a los medios y no puede salir del país. Sin embargo, el silencio no es una opción interna. Al preguntarle si pensó en marcharse definitivamente de Venezuela, sus ojos se humedecen:
«Todos los que nos hemos involucrado en esto es porque amamos mucho a este país. No nos vemos lejos de esta tierra. Dejar una vida aquí… es que tú no puedes meter toda tu vida en una maleta. Si me tengo que ir, debe ser una decisión consciente, no huyendo porque no soy una delincuente».
Hoy, regresar a la oficina del Colegio de Enfermeras requiere valentía. «Todavía me cuesta salir de aquí sin mirar a los lados. Existe esa amarga sensación de no saber si te están esperando afuera para amargarte la existencia unas horas, como le pasó a Edy Matute hace poco».
Un mensaje de fe para Barinas
Al final de nuestra conversación, el tono de Yanni cambia. Desaparece la víctima y emerge la líder gremial, la mujer de fe que se niega a doblarse ante el miedo.
«A los venezolanos les pido que tengan confianza, porque nosotros la tenemos. Esta lucha tiene que valer la pena, sí o sí. El cambio va a depender de nosotros; no podemos delegar esta tarea a un gobierno extranjero», afirma con una seguridad pasmosa.
Antes de despedirse, nos deja una fórmula que mantuvo viva su alma en el calabozo y que, según ella, salvará al país: «Dos cosas fundamentales: la oración, hay que seguir doblando rodillas ante el Señor; y segundo, entender que los procesos necesitan sus plazos. Tenemos una tarea y debemos accionar en una sola voz y en una sola fuerza».