*** Para Brandt Ulloa, constatar la devastación de la naturaleza representa un golpe seco a la conciencia, pero la parte más dura del paisaje es el profundo desamparo institucional en el que quedan sumergidas las víctimas.
(Kathiuska Francis Marín).- «Las pantallas de Hollywood o las producciones de Netflix nos han acostumbrado a la ficción de la destrucción. Sin embargo, no hay efectos especiales que logren reproducir el olor a lodo estancado, el crujido de una estructura colapsada o el silencio sepulcral de una comunidad que lo ha perdido todo en un abrir y cerrar de ojos». Con estas palabras, el dirigente político y social Emill Brandt Ulloa describió el desgarrador panorama que constató en su reciente recorrido por las zonas afectadas de La Guaira.
Para Brandt Ulloa, constatar la devastación de la naturaleza representa un golpe seco a la conciencia, pero la parte más dura del paisaje es el profundo desamparo institucional en el que quedan sumergidas las víctimas.
El viaje hacia el epicentro de la tragedia comenzó a cientos de kilómetros de la costa. El dirigente informó que la rutina en el estado Barinas se transformó por completo para convertirse en un motor de voluntades.
Junto a su equipo de defensores de derechos humanos de Vente DDHH, transformaron diversos espacios en centros de acopio dedicados a clasificar sábanas, verificar la caducidad de medicinas, armar cajas de alimentos y apilar bidones de agua.
«Esta labor se volvió nuestra forma de resistir a la impotencia. Ver a los barineses desprenderse de lo poco o mucho que tenían para tenderle la mano a un compatriota desconocido fue el primer recordatorio de que la ciudadanía siempre va un paso adelante», destacó.
Cara a cara con el trauma y las estadísticas reales
Al trasladar y entregar los insumos directamente en el terreno, el equipo se encontró de frente con las secuelas humanas de la catástrofe. Brandt Ulloa enfatizó que el hambre, la sed y las lágrimas no son frías estadísticas de un reporte oficial, sino realidades con rostro y nombre propio.
Al otorgar una manta o un plato de comida, el equipo no solo recibía agradecimiento, sino miradas cargadas de un trauma profundo de familias enteras que vieron desaparecer el esfuerzo de toda una vida en cuestión de minutos.
«Es allí, entre los escombros, donde la indignación se hace inevitable», sentenció el vocero, explicando que los ciudadanos de La Guaira no solo enfrentan la furia del clima, sino una vulnerabilidad histórica. Tras escuchar los relatos locales, concluyó que bajo el sistema actual, la promesa de una vivienda digna y un entorno seguro sigue siendo una utopía inalcanzable. Para estas familias, avanzar significa empezar desde el desamparo absoluto, con derechos fundamentales como el acceso al agua, la salud y un techo seguro suspendidos bajo el barro.
Una certeza inquebrantable
A pesar del peso de la destrucción, el dirigente barinés manifestó regresar con una certeza inquebrantable sobre el rol de la sociedad.
«Cuando las estructuras formales le fallan al ciudadano, la solidaridad civil organizada y la defensa activa de los derechos humanos se convierten en el único refugio real y digno que nos queda. La reconstrucción material tomará tiempo, pero el tejido humano que demostró que Venezuela no es indiferente ante el dolor del otro ya empezó a levantarse», concluyó Brandt Ulloa.