(Caracas, sep 10/Ee).- Juan Pablo Raba hizo tantas telenovelas en Venezuela que hasta olvidamos su nacionalidad colombiana. Enamoró a toda una legión de adolescentes con su papel de Orestes en “Mi gorda bella”, a quienes convenció –cuando aún no se hablaba de gordofobia– de que un galán podía sentirse atraído por una mujer con sobrepeso.
Luego, saltó a Hollywood. Persiguió a Liam Neeson en “El protector”, encarnó a Gustavo Gaviria en “Narcos”, al adorado Tío Marcos en “La casa de los espíritus”, y recientemente participó en “Rancho Dutton”, la nueva serie del universo de “Yellowstone”.
Raba protagoniza “El Silbón”, una película de Diego Velasco (“La hora cero”) que actualiza la leyenda del espanto más célebre que comparten los llanos venezolanos y colombianos.
En esta versión que hace Velasco de la leyenda, Sebastián (Raba) y Nicole (Diane Guerrero) se mudan al campo después de la muerte de su hija. La madre, desesperada por comunicarse con ella, comienza a involucrarse en prácticas espiritistas donde termina invocando, por accidente, al espíritu vengativo del Silbón.
Se trata de una versión libre de la leyenda, que mezcla tradiciones sincréticas con elementos del cine de posesiones y el rasgo más distintivo del espanto venezolano: el silbido que anuncia la cercanía cuando se oye más lejos.
Para la edición venezolana de “El Silbón” se usó la tonada característica, inmortalizada por el narrador Dámaso Delgado en 1966. El silbido espectral varía con respecto a la edición internacional de la película.
-En Venezuela existe el Silbón, y en Colombia el Silbador. Son leyendas que se cuentan desde hace muchísimos años y que siguen causando pavor. ¿Por qué crees que estos mitos nos siguen dando tanto miedo en la actualidad?
-No conozco bien las diferencia que hay entre la leyenda colombiana y la venezolana, pero hay algo en las raíces de los pueblos que siempre va a llamar la atención. Creo que, además, el miedo siempre va a ser parte de la cultura. Siempre nos vamos a inventar diferentes miedos, ya sea a algo sencillo como la oscuridad, o cosas más complejas como la muerte o a la enfermedad.
-No eres fanático del terror. ¿Cómo aterrizaste en un proyecto como “El Silbón”?
-Caigo por pura amistad. Diego Velasco y yo somos hermanos, teníamos mucho tiempo buscando proyectos que nos permitieran colaborar. Finalmente llegó “El Silbón” y yo, a pesar de no ser fan del género, le dije que sí porque mis ganas de trabajar con él eran muy grandes. No me arrepiento en absoluto, aunque tuve que adecuarme un poco y ver algunas películas para entender qué es lo que iba a hacer, porque tenía 20 años sin ver nada de terror.
Como actor, siempre tengo mis sentimientos a flor de piel. Yo me conmuevo y me asusto, me da miedo lo que voy sabiendo. Incluso trabajando en el medio, sabiendo que lo que veo no es verdad, me dejo enredar por la historia, afirmó.