Por César Villamizar Trejo.
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La fuga estaba planificada para cualquier domingo después de la visita de familiares. La fecha escogida fue el domingo 22 de septiembre. Arum Antonio Pineda Rubio, Diego Andrés Rojas y Jorge Luis González, sellaron aquella tarde sus destinos. Se arriesgaron y lo lograron a tiros.
A las 4 y 30 de la tarde del domingo 22 de septiembre de 2024 los tres reclusos estaban en la calle, donde dos motorizados se los llevaron. A sus espaldas no sólo dejaban meses encerrados tras haber recibido sus respectivas sentencias, sino también desconcertación y un mar de lagunas que surgieron tras la huida. Acababan de recobrar su libertad y no estaban dispuestos a regresar al Internado Judicial de Barinas (Injuba). Y así sucedió.
Lo que vendría luego de este episodio serían eventos que generaron bastante suspicacia y asombro por parte de las autoridades penitenciarias, ya que a la par de la fuga se revelaron detalles inimaginables para el buen funcionamiento del sistema penitenciario en el paìs: durante las investigaciones del caso se comprobó la complicidad del director del penal, también del jefe de régimen y dos de los custodios, como autores intelectuales de la huida.
Qué se ocultaba detrás de aquella fuga a puertas abiertas?. La respuesta fue descubierta » puertas bien adentro».
Y es que resultó asombroso el fuerte movimiento de dinero que financió esa fuga, pues de otra manera no se explica cómo es que el director y funcionarios claves estaban implicados directamente con la trama, además que fueron destituidos y detenidos un capitán y una sargento segundo de la Guardia Nacional Bolivariana, por supuestamente incumplir con las normativas vigentes para el resguardo de la población penal y las instalaciones carcelarias.
Mientras dentro del Injuba se ejecutaban destituciones y detenciones comenzando por el director, comisiones policiales y militares estaban tras los tres fugitivos . .
El calor era agobiante en el día y de noche el frío los afectaba. Casi no dormían y no se atrevían a exponerse. Mantenerse escondidos entre la maleza y los árboles, sin poder comer ni dormir bien, les estaba pasando factura, pero seguían empeñados en no regresar a la cárcel.Pero pareciera que algo se quedó en el camino.
Arum Antonio Pineda Rubio, de 36 años, era el líder . No era un delincuente común ni altamente peligroso. Su perfil, según las autoridades, era de un hombre que se movía en el mundo de las armas. Purgaba condena por los delitos de asociación para delinquir, financiamiento al terrorismo, financiamiento a la delincuencia organizada y tráfico ilícito de municiones, tras haber sido detenido en la carretera en la autopista Los Llanos en el año 2022.
Fue el autor intelectual de la fuga, para lo cual contaba no sólo con una habilidad innata, sino con un carácter firme y con recursos económicos cuyo origen estaban bien ocultos. Fue él quien le propuso a Diego Andrés Rojas y a Jorge Luis González, dos delincuentes del montón, el plan de escapar.
Lo oculto que pocos vieron
En el Injuba, tras la balacera controlada y que dejó como saldo al sargento mayor de la GNB, Yender López Herrera, herido de consideración, surgieron elementos que generaron mucho ruido: la corrupción de su directiva y su influencia para facilitar la fuerza de los penados.
Los jefes de organismos de seguridad ordenaron un plan para la recaptura a los tres fugados. La ciudad se cerró por completo.
Los fugados no sólo eran objetivos para volverlos a encerrar, sino también piezas claves para completar las investigaciones que las autoridades del penal de Barinas adelantaban en contra de los directivos de ese centro carcelario implicados en la fuga. Alo no olía bien.
Lo más atrevido es que el trío huyó por la puerta principal del centro penitenciario, lo que desde un principio generó bastante sospechas a las autoridades penitenciarias, las que, en menos de una semana, se convirtieron en acciones que conllevaron a la destituciòn del director de ese recinto carcelario y de otros funcionarios.
Se adentraron a una zona boscosa y un tanto alejada del ruido de la capital, mientras sabuesos de diferentes cuerpos de seguridad andaban tras sus pasos. Se refugiaron entre el monte, donde dormían a medias.
Afuera, la búsqueda no cesaba. En las alcabalas y en los puntos de control de la ciudad se intensificaron las requisas. Arum y sus dos compinches estaban al tanto, por lo que esperaban de un mejor momento. Pero nunca llegó.
Dentro del penal barinés la historia era otra: Las investigaciones iniciales apuntaron que los ahora fugitivos habían recibido ayuda interna. Y en menos de tres días, el resultado de las pesquisas revelaron que el Director del Internado Judicial de Barinas (Injuba) , Johnny José Orozco Moncayo, estaba implicado en la fuga, mientras que Leonardo Alexander Caicedo Márquez, jefe de régimen y los custodios José Luis Rodríguez Narváez y César Miguel Meneses Loyo, también fueron parte del plan .
Las pesquisas por parte de una comisión especial del Ministerio de prisiones fueron bien precisas. Se estableció que estos funcionarios actuaron por una alta suma de dinero. La cárcel ahora los esperaba a ellos.
Una bomba acababa de estallar entre el personal directivo y otros funcionarios del Injuba, al comprobarse su participación en la fuga. Los jefes superiores, desde Caracas, sintieron una doble sensación de amargura y enfado: los tres condenados fugados y la corrupción en el Injuba.
El día 10: Los fugados nunca hablaron
El miércoles 3 de octubre de 2024, los tres reclusos cumplían diez días en predios de un fundo del sector La Laguna, una zona boscosa de San Silvestre, municipio Barinas. Apenas de lejos escuchaban los motores de vehículos y gritos de personas.
La información le llegó bien temprano a los funcionarios: «unos hombres raros estaban ocultos en un rancho entre el monte, en una finca de San Silvestre».
_ Esos son., fue la respuesta del jefe tras recibir la , novedad de parte de uno de sus subalternos, quien la recibió de un lugareño residente alrededor del fundo donde los tres sujetos estaban sobreviviendo.
El recóndito lugar se llenó de radiopatrullas y vehìculos repletos de funcionarios armados hasta no más poder. De manera estratégica, fueron descendiendo de las unidades y se colocaron en diferentes sitios. Se les dio la orden para que se entregaran sin problemas, pero no hubo respuesta. Hubo un largo silencio. Y vino la primera detonación y luego la balacera. Un intercambio de disparos que duró varios minutos.
En menos de media hora y después de que un grupo de funcionarios se adentraron en el fundo «Las lagunas» , en San Silvestre. El trabajo finalizó: los fugados estaban gravemente tiroteados. sus cuerpos fueron rescatados, subidos a una unidad de la GNB y trasladados con urgencia al hospital Dr. Luis Razetti, donde fallecieron antes de ingresar.
Acorralados, hambrientos, sedientos, débiles y con esperanzas remotas, se encontraban los tres condenados que el mediodía del 3 de octubre del 2024 fueron sorprendidos por una comisión mixta de la GNB.
Pineda Rubio , Roa y González se convirtieron en cómplices de una aventura totalmente riesgosa y peligrosa. Mientras que sus otros cómplices, encabezados por el director de penal, confesaron ante las autoridades su participación en la fuga. Ellos tres jamás lo hicieron.
Con ellos, quedaron enterrados los enigmas de quella huida que sólo pocos, muy pocos, descubrieron. Con ellos, se fueron los secretos de la fuga.