*** Comunidad y familiares exigen la intervención urgente de las autoridades bancarias ante las condiciones inhumanas a las que son sometidos los abuelitos en la sede del centro de la ciudad.
(Kathiuska Francis Marín).- Lo que debería ser un trámite digno para rendir tributo a toda una vida de trabajo se ha convertido en una auténtica carrera de resistencia física y emocional, mes a mes, decenas de personas de la tercera edad deben someterse a interminables jornadas de entre cuatro y cinco horas en las afueras de la entidad bancaria ubicada en el centro de la ciudad, en una espera sofocante e indigna solo para cobrar sus pensiones.
La escena en las inmediaciones del banco es desgarradora, pues desde primeras horas de la madrugada, ancianos con bastones, dolores articulares y delicados cuadros de salud hacen filas kilométricas a la intemperie, sin un techo que los proteja ni asientos donde descansar, estos abuelitos deben soportar el sol inclemente y, con frecuencia, las lluvias repentinas. La situación alcanza niveles críticos cuando falla el flujo eléctrico en la zona: en ese instante, el sistema se cae, las puertas se cierran y la agonía en la calle se prolonga indefinidamente.
«Muchos vienen sin desayunar porque no tienen qué comer en casa. Viene gente en sillas de ruedas, ancianos de más de 80 años aguantando solazo para llevarse un dinero que ni siquiera les alcanza para un cartón de huevos o sus medicinas para la tensión», relata con indignación un familiar presente en el lugar.
La ironía más cruel de este calvario es que el esfuerzo no compensa la realidad económica, ya que la pensión que cobran, tras horas de humillación física, no alcanza para cubrir la canasta básica ni para adquirir los medicamentos esenciales que la mayoría de ellos requiere para sobrevivir.
Un llamado desesperado a la empatía y la autoridad
Ante esta dramática realidad, la comunidad, pensionados y transeúntes hacen un llamado urgente y vehemente a la directiva de la entidad bancaria y a las autoridades competentes, por lo que exigen un mínimo de compasión y humanidad hacia los adultos mayores a través de medidas inmediatas como la de habilitar taquillas exclusivas y un protocolo de atención rápida para la tercera edad, instalar toldos, sillas y puntos de hidratación en las afueras del recinto para protegerlos de las inclemencias del clima y la de implementar plantas de energía auxiliares para evitar que los cortes de luz paralicen la atención a los pensionados.
Los viejitos de nuestra ciudad no están pidiendo un regalo; están cobrando el fruto del esfuerzo de toda su vida, es hora de que la directiva del banco abandone la indiferencia, se compadezca de sus canas y garantice un trato que respete su dignidad humana.