Sonados casos de última página XXVI Descubierto

Por César Villamizar Trejo.-

La rutina de José y su mujer, Miriam, se tornó irregular la tarde del miércoles 5 de marzo de 2025, pues ella siempre le informaba, vía telefónica, cuando salía de su trabajo de empleada doméstica en la quinta de la familia Medina Linares, ubicada en la calle Lujano de la urbanización Alto Barinas, donde tenía varios años trabajando fielmente a esas personas. José, preocupado, miró otra vez su celular y se percató que ya eran las 4 y 45 de la tarde, pues Miriam siempre lo llamaba. a más tardar, a las 4 de la tarde, justo cuando salía o incluso antes.

Pero lo que más le angustió fue que la mujer, quien era muy puntual en sus cosas, no había respondido a las cuatro llamadas que le realizó en menos de media hora. Apartó su teléfono móvil, levantó la cabeza y pensó por unos minutos que aquella situación no era normal para nada. De repente, se paralizó cuando pensó que Miriam le había comentado, un poco preocupada, del extraño comportamiento de Xavier Abrahán, al que ambos conocían desde hace años. Se negó a creer que algo pudo haber ocurrido con aquel hombre.
Se sintió sofocado. Algo lo carcomía por dentro. Decidió ir en su bicicleta a la casa donde su compañera de vida trabajaba.

Comenzó a pedalear su bicicleta a toda velocidad. No se detuvo ni un segundo durante más de veinte minutos, hasta que, casi jadeando, llegó frente de la quinta de los Medina Linares, una familia muy respetada en el lugar. No dudó en llamarla varias veces a todo grito, pero nadie respondió, Su corazón se aceleró más y los nervios eran tensos.

La locura de Xavier Abrahán

Xavier Abrahán Medina Linares, de 46 años, licenciado en administración turística, era, según allegados, un hombre muy querido por sus padres desde niño. Sólo tuvo una hermana , menor que él, con quien también tenía una buena relación. Se había casado unos quince años atrás y era padre de un niño de seis años.

Tenía poco tiempo de haber retornado a la casa familiar, tras haber permanecido unos cinco años en la ciudad de Padahuel, en Chile, junto a su esposa, a donde se marcharon en plena crisis venezolana y con el anhelo de buscar mejor vida, pero para él las cosas no habían salido bien. Por el contrario, a sus 46 años, no encontraba un destino concreto y la relación con su esposa estaba rota desde hace un año. Hace tiempo él y su ex esposa, Gloria Arteaga, acordaron ante las leyes chilenas compartir la custodia del único hijo de ambos, el cual ya había sido violentado por el hombre, pero no hubo consecuencias.

Lo peculiar fue que el mayor de los Medina Linares no vino sólo. Estaba en compañía de su pequeño hijo, Xavier Ernesto Medina Arteaga, de seis años, lo que resultó muy extraño para quienes se enteraron de su regreso a Barinas en compañía del pequeño.

Su madre había fallecido hace años y su papá, un reconocido médico de Barinas, padecía de Alzheimer, por lo que estaba bajo el cuidado de Miriam, la noble empleada de aquel hogar, quien estaba al cargo de suministrarle sus medicamentos y alimentos a la hora indicada.

A Miriam Silvestre Linares , de 54 años, como a vecinos y allegados de la familia Medina, les parecía muy raro que Xavier Abrahán hubiera regresado a casa de repente, sin previo aviso y sin hablar mucho de su ex esposa. Y, lo más intrigante: se vino de Chile con su hijito de seis añitos,

¿Y la mamá?. ¿Por qué no se vino con ellos?. Acaso permitió que su papá se lo trajera así por así ?, eran parte de las interrogantes que los conocidos de Medina Linares se hacían, pero sin querer intervenir mucho por temor a conflictos.

A esta inquietud, se sumaba el hecho de que aquel hombre mostraba una actitud anormal desde que llegó a casa: casi no salía y cuando lo hacía era con bastante cuidado; no se comunicaba tanto con la gente y se mostraba nervioso.

Ese comportamiento fue percibido de inmediato por Miriam , la empleada doméstica de la casa, quien lo había comentado varias veces con su marido José. A ella no le parecía regular que aquel hombre, quien siempre fue jovial, sonriente, sociable y ocasionalmente bromista, ahora era todo lo contrario.

La verdad era que Xavier ocultaba algo oscuro: se vino huyendo de Chile tras haber prácticamente raptado a su pequeño hijo el 15 de febrero, es decir, tres semanas atrás. Con ello, no sólo violentó el acuerdo de custodia compartida con su ex esposa, sino que se lo llevó bajo la excusa de unas vacaciones, cuando la intención era traerlo a Venezuela y bloquear cualquier tipo de comunicación con Gloria Arteaga, la madre del menor Xavier Ernesto.

Medina Linares escapó de Chile el 16 de febrero por un paso no habilitado. Viajo varios días para arribar primeramente a Caracas., donde permaneció una semana en casa de unos parientes. De allí , se trasladó con su hijo a Barinas, su ciudad natal.

Paralelamente, su ex mujer, Gloria Arteaga, había colocado la denuncia de secuestro ante las autoridades policiales de Padahuel, donde los carabineros, según comentó ella posteriormente, le dijeron que su ex marido no había cometido delito alguno y que era necesario esperar hasta que él incumpliera el acuerdo de visitas.

La madre del pequeño logró comunicarse con parientes y allegados de Barinas, los cuales le informaron que su ex marido estaba en compañía del hijo de ambos.

La locura de Xavier Abrahán estaba por extenderse y de qué manera.

Al descubierto

La preocupación de Gloria Arteaga creció bastante cuando su ex marido, Xavier Abrahám, no aparecía por algún lado, después de que se había llevado al niño de ambos por una semana de vacaciones. Lo peor fue que no había podido contactarlo telefónicamente, pues la había bloqueado. La desesperada mujer acudió a sus redes sociales y encontró la misma respuesta. Su respiración se aceleró cuando pasaron dos días más sin señal alguna, de manera que acudió a los carabineros de Padahuel, donde lo primero que le dijeron fue que era su padre y que no había delito alguno.

Ante tal respuesta, inició una campaña de alerta sobre el presunto secuestro de su hijito por parte de su padre, a través de la cual varias personas de Barinas se enteraron. Una de ellas fue Miriam, quien se lo hizo saber a José, pero la pareja prefirió mantenerse al margen, pero pendientes de cualquier situación que pudiera surgir de este delicado tema. Así pasaron los días, hasta que Miriam no soportó aquello y decidió hablar. Contactó a Gloria y le contó todo, pero una vez más los carabineros no hicieron algo.

Con Xavier al descubierto, la tarea de Miriam ahora era disimular como si no estuviera enterada, pero la habilidad y el exceso de desconfianza de Xavier fue mayor. El fugitivo se enteró de que la empleada doméstica estaba al tanto de su «•secreto». Presumió que ella no lo había compartido, mucho menos con Gloria, por lo que planificó lo peor: acabar con la vida de la mujer de 54 años, en un acto que sólo podía ejecutarlo alguien fuera de sí mismo.

La locura de Xavier estaba al máximo la mañana del miércoles 5 de marzo. Esperó que la doméstica llegara bien temprano. La mujer, como siempre, llegó antes de las 8 de la mañana. No se imaginaba que al entrar a esa quinta quedaría atrapada para siempre. Y quien la esperaba con ansias también estaba atrapado en su locura, en su mundo, alejado de la realidad y transformado en una bestia capaz de cualquier acto sin sentido.

En un momento de aquella mañana, se presume poco antes del mediodía, Xavier aprovechó que el niño y su papá dormían para llevar a cabo su absurdo plan. Se acercó lentamente donde Miriam, de espalda, estaba concentrada en el lavado de una ropa. La tomó con fuerza por el cuello con el brazo izquierdo y presionó con fuerza. La mujer pensó en gritar, pero su asesino estaba preparado y le colocó un trapo en la boca con su mano derecha. Siguió presionando con bastante fuerza. Miriam apenas emitía quejidos sin poder gritar, los cuales se hicieron más débiles en poco tiempo, hasta que se quedó quieta. Xavier Abrahán Medina Linares acababa de dar muerte a la empleada doméstica. El motivo fue tan absurdo que los investigadores policiales se negaban a creerlo.

Lo horrible

José, casi sin aliento y con una respiración muy seguida y agitada, se cansó de llamar a su mujer por su nombre. Todo fue en vano. Pensó por unos segundos, hasta que se le ocurrió dirigirse a la Estación Policial Barinas- Norte, a poca distancia de la casa de los Medina Linares.

Formuló la denuncia. Se formó una comisión y lo primero fue ir a la residencia donde laboraba Miriam. El jefe de esa Estación Policial, comisario José Buroz, escuchó el relato del marido de la trabajadora doméstica y la sospecha que tenía del hijo mayor de los Medina Linares. El jefe policial sintió inquietud y le llamó poderosamente la atención el caso, de manera que pidió resultados a sus subalternos.

La noche comenzaba, pero aún había claridad. José,con los nervios a punto de colapsar, dirigió a los funcionarios policiales hacia la casa donde laboraba su mujer. Llegaron y gritaron el nombre de Miriam, pero nadie se asomó.

El jefe de la comisión policial ordenó buscar por los alrededores del sector, mientras otros funcionarios quedaron pendientes frente a la residencia. José acompañó a la comisión que buscaría por el perímetro. Y el resultado fue efectivo: José avistó a Xavier Abrahán caminando un tanto desorientado y descuidado, de la mano con su pequeño hijo. El abordaje policial fue inmediato.

Medina Linares se detuvo tras escuchar la voz de alto de uno de los uniformados. Lucía agotado y con la mirada perdida. Le preguntaron por Miriam. Al principio quiso evadir la interrogante, pero ante la insistencia de los funcionarios, no tardó en colaborar. Subió a la radio patrulla y lo trasladaron a la casa, donde. con detalles y sin tapujos, como si quisiera quitarse un fuerte peso de encima, relató lo sucedido.

Condujo a los funcionarios a donde estaba oculto la monstruosidad que había cometido horas atrás. Caminó, rodeado de unos cuatro funcionarios y del angustiado José hacia el lavadero de la casa, ubicado al fondo. Señaló con su dedo el lugar donde se encontraba el cuerpo de la trabajadora. Un oficial levantó varias sábanas hasta que dieron con la horrible evidencia: Envuelto cuidadosamente en un edredón, con marcas en el cuello, fue hallado el cadáver de Miriam Silvestre Linares, la amable y cordial empleada doméstica que durante años laboró fielmente para los Medina Linares, sin ningún tipo de inconvenientes.

Dos seres atrapados: Xavier en una locura que él mismo la convirtió en un gigante monstruo que acabó destruyendo lentamente. Y Miriam, a merced de un sujeto transformado en un demonio.

Xavier Abrahán Medina Linares confesó el feminicidio a los investigadores del Cicpc y fue puesto a disposición de la Fiscalía del Ministerio Público por ese delito. Actualmente aún está en proceso y está preso desde aquella triste fecha. El pequeño Xavier Ernesto está con su madre Gloria en Chile.