César Villamizar Trejo.-
Todos los involucrados directamente con el doble asesinato en el urbanismo «La Gran Villa de Obispos» perdieron de manera estrepitosa: Dos vidas, una deuda que jamás será cancelada, dos niñas traumatizadas por el resto de sus vidas y un exmilitar sin libertad.
Y es que la fatídica raíz de este desenlace, que generó mucha tensión y una larga y angustiante espera que requirió de un alto jefe policial para su culminación, fue el bendito dinero, ese detonante que destruye vidas, amistades, sociedades, parejas, etc.
Karla Hernández (39) y Wilfredo Serrano (47), la pareja asesinada a quemarropa en medio de una presunta discusión con el gatillero, perdieron sus jóvenes vidas tras negarse a cancelar los giros de los últimos cuatro meses de una fuerte cantidad de dinero que adeudaba con quien se convirtió en su ajusticiador.
Alexander Adonay Rodríguez, el gatillero que encendió la historia de este fatal suceso, no sólo perdió el dinero que Serrano y Hernández le adeudaba, sino que, desde ese oscuro miércoles, se convirtió en alguien sin libertad y con un futuro incierto para su vida y los suyos.
Las más vulnerables de este caso: las dos niñas de la pareja Serrano Hernández, de 7 y 13 años, víctimas inocentes de un asesino que no tuvo escrúpulos de mantenerlas como rehén y como supuestos «escudos» para negociar su entrega a las autoridades, después de dar muerte a sangre fría a sus padres.
Dos seres inocentes que vivirán por siempre con un trauma a causa de la muerte a balazos de sus papás, además de la amarga experiencia de permanecer durante casi doce horas retenidas a la fuerza por un ex militar que en ese momento estaba fuera de sus cabales, con el agravante que algo más pudo suceder en medio de una fuerte tensión que el asesino, acorralado y encerrado, las veía a ellas como una «tabla de salvación» para entregarse a las autoridades judiciales y policiales.
Al final, una sombra fantasmal cubrió durante casi doce horas un caso sin precedentes en la historia policial de la región barinesa. Un suceso en el que todos los involucrados directos perdieron de manera trágica y triste. Y un pueblo pequeño como Obispos que, en horas, fue conocido por tantos extraños por toda Venezuela y parte de mundo