Por: Kathiuska Francis Marín
Periodista y abogada
.- En tiempos donde la modernidad líquida y la aceleración tecnológica desafían los cimientos de la enseñanza, detenerse a reflexionar sobre lo que ocurre dentro y fuera de los planteles educativos no es una opción, sino una absoluta necesidad. Bajo esta premisa, surge un valioso análisis titulado «Aulas en transición: una breve lectura desde la educación, la experiencia y la Terapia Gestalt», una obra de pensamiento profundo gestada desde la óptica multidisciplinaria de Willian Nazaret Mendoza Lacruz —fraile dominico, filósofo, teólogo, magíster en gerencia educativa, y próximo a culminar la psicología clínica y la neuroterapia—.
Este trabajo nos invita a despojar nuestras observaciones de nostalgias paralizantes o juicios apresurados, para mirar de frente el fenómeno educativo contemporáneo desde una perspectiva integradora que une la ciencia, la salud mental, la pedagogía y la espiritualidad.
- La tecnología como figura dominante: Conectados, pero ausentes
Uno de los aportes más lúcidos de esta lectura es el diagnóstico sobre el rol de las pantallas en el espacio escolar. En la experiencia juvenil actual, el teléfono inteligente se ha convertido en la figura dominante —aquello que absorbe la energía vital, la atención y la curiosidad—, relegando al fondo al docente, al compañero de clase y al propio mundo interior.
El resultado de esta dinámica es lo que el análisis define con precisión como contacto parcial: jóvenes que están físicamente en el aula, pero ausentes en el aprendizaje; conectados a una red global, pero desconectados del vínculo humano inmediato. Sin embargo, el texto evita caer en la simplificación de culpar únicamente a los estudiantes. El fenómeno atraviesa a toda la cultura digital, involucrando también a docentes y adultos que recurren a los dispositivos en busca de evasión.
Por ello, la solución no radica meramente en prohibiciones punitivas, sino en fomentar la conciencia del contacto: aprender a regular los límites y a estar presentes en el aquí y ahora. - La salud mental juvenil y las interrupciones del contacto
Abordar la salud mental en las aulas exige ir más allá de las estadísticas. Desde el marco de la Terapia Gestalt, el autor interpreta las dificultades emocionales de los jóvenes como un contacto interrumpido, manifestado a través de mecanismos defensivos que se han vuelto cotidianos y normalizados:
• Desensibilización: Una anestesia afectiva provocada por la saturación de estímulos digitales, que reduce la capacidad de sentir profundamente.
• Retroflexión: El repliegue emocional donde el joven, en lugar de expresar lo que le duele o le entusiasma, lo calla y lo interioriza.
• Proyección: El mecanismo de atribuir al entorno escolar o familiar las tensiones internas que no se logran reconocer ni gestionar de forma personal.
Frente a esta realidad, el aula se transforma muchas veces en el único espacio de contención emocional para estudiantes que cargan con duelos no elaborados, carencias afectivas o situaciones de vulnerabilidad. La institución educativa, más que impartir contenidos, está llamada a cuidar y acompañar. - Escuchar antes de juzgar y el rescate de la espiritualidad
El documento enfatiza un llamado ético fundamental para educadores y padres: comprender a las generaciones antes de juzgarlas. Las categorías del pasado ya no bastan para descifrar las dinámicas de una juventud que navega entre la incertidumbre económica y la hiperconectividad.
Asimismo, se introduce una dimensión clave a menudo relegada en la educación formal: la espiritualidad. Lejos de imponer dogmas, se plantea como un espacio de respiración interior, un refugio para la pausa, la reflexión y la reconexión con el sentido profundo de la existencia humana.
Hacia una educación integral y viva
La propuesta final de Aulas en transición no rechaza la modernidad ni la tecnología, sino que aboga por su integración armónica. El verdadero reto pedagógico actual consiste en articular la memoria con la actualización, la norma con la empatía, y el avance digital con el calor de la interacción humana.
Cuando la escuela logra integrar la experiencia viva, el acompañamiento emocional y la presencia consciente, deja de ser una simple fábrica de notas para convertirse en lo que siempre debió ser: un espacio transformador donde cada persona puede encontrarse a sí misma en medio de un mundo en constante cambio.
“Porque cuando la educación integra memoria, experiencia y presencia, no solo forma estudiantes: transforma vidas y vuelve posible que la persona se encuentre consigo misma en medio del mundo que cambia”, Willian Nazaret Mendoza Lacruz — fraile dominico, filósofo, teólogo, magíster en gerencia educativa, y próximo a culminar la psicología clínica y la neuroterapia —.
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