Lejos de los guiones pulidos de Hollywood, la ganadora del Oscar ofreció un testimonio visceral sobre las secuelas físicas y emocionales de la maternidad
La actriz y productora estadounidense, Jennifer Lawrence, derribó barreras mediáticas durante su participación en el podcast “Call Her Daddy”.
Lejos de los guiones pulidos de Hollywood, la ganadora del Oscar ofreció un testimonio visceral sobre las secuelas físicas y emocionales de la maternidad. Con dos hijos, Cy y un bebé nacido en 2025 junto a Cooke Maroney, la estrella aseguró que, mientras la vagina se recupera, el ano sufre cambios irreversibles. “No hay vuelta atrás. Eso sale”, sentenció ante una atónita Alex Cooper, aludiendo a las tensiones del suelo pélvico, sin entrar en detalles escabrosos por respeto al entorno de grabación.
Más allá de lo fisiológico, Lawrence expuso su batalla contra la depresión posparto. Relató episodios de ansiedad paralizante, comparando su estado mental con la sensación de ser perseguida por un tigre. Fue la solidaridad entre madres, forjada en clases para bebés, la que le brindó el soporte necesario para navegar esa etapa oscura. La actriz reconoció, además, que la crianza exigió una reestructuración total de su agenda, eliminando la espontaneidad previa e instalando la culpa como compañera constante, pese a saberse una buena madre.