***Esta desconexión está forzando a las familias a elegir qué comida saltarse o qué alimentos esenciales sacrificar.
(Kathiuska Francis Marín).– Lo que antes era una rutina cotidiana se ha transformado en una experiencia traumática. En los principales mercados y centros de abastecimiento, la escena se repite con una frecuencia alarmante: ciudadanos que salen de los establecimientos con bolsas semivacías y lágrimas en los ojos, enfrentándose a una realidad que no logran comprender.
El incremento de los alimentos ha dejado de ser una tendencia económica para convertirse en una crisis humanitaria doméstica. Mientras los precios de los productos básicos suben de forma desmesurada —a veces de un día para otro—, el poder adquisitivo de los trabajadores permanece congelado.
Esta desconexión está forzando a las familias a elegir qué comida saltarse o qué alimentos esenciales sacrificar.
La carne: El nuevo artículo de lujo
El sector cárnico es el reflejo más crudo de esta crisis, pues la carne roja, antaño pilar de la dieta familiar, ha escalado a precios que la mayoría califica de «inalcanzables».
Los mostradores de las carnicerías se han convertido en vitrinas de exhibición de artículos de lujo, pues la imposibilidad de costear proteínas animales está afectando directamente la salud de los más vulnerables: niños y ancianos.
Un perjuicio colectivo que nadie explica
La indignación de los usuarios se mezcla con el desconcierto. Existe un sentimiento generalizado de incomprensión hacia las políticas de los comerciantes y las cadenas de suministro. Sin embargo, la realidad es que el ecosistema completo parece estar en quiebra: desde el productor que no cubre sus costos hasta el consumidor final que no puede pagar el producto terminado.
«Salimos del mercado con el corazón apretado. No es solo que el dinero no alcance, es que no hay lógica que explique cómo todo sube y nadie hace nada mientras nosotros perdemos la capacidad de alimentar a nuestros hijos», comenta un ciudadano a las afueras de un establecimiento local.
Es imperativo que las autoridades correspondientes y los actores económicos establezcan medidas de emergencia. La estabilidad social pende de un hilo cuando el acceso al alimento básico se convierte en un privilegio y no en un derecho. No se puede pedir paciencia a quien tiene la nevera vacía.
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