César Villamizar Trejo.-
Se convirtieron en compañeros desde que salieron unidos del Terminal «Hugo de los Reyes Chávez» de esta ciudad. Al principio eran el chofer y once pasajeros, pero se supone que otros tres ascendieron al microbús durante el trayecto, antes de salir del territorio barinés. Era sábado y la carretera Barinas- Mérida lucía más fresca. Ahora eran 15 los ocupantes de la Unidad 20 de línea Unión Táchira los que anhelaban llegar, antes del anochecer, a la ciudad de Mérida, pero el destino fue otro porque doce de ellos serían compañeros por siempre, en un viaje a la eternidad.
Quienes conocieron a Germán Altuve sabían que era un hombre muy profesional frente al volante de la unidad que aquella tarde tripulaba. En la calle Camejo, en Ejidos, estado Mérida, lo recuerdan como un buen vecino. Conducía, como siempre, con toda normalidad. Conocía muy bien el vehículo que conducía con calma y cordura: el Minibus marca Yutong, color rojo, año 2025, placa 578AS6P. Quienes conocían al experto chofer se atrevieron a decir que solamente un evento extraordinario lo haría perder el control al manejar. Y eso fue precisamente lo que ocurrió.
Detrás suyo, catorce pasajeros cuyas vidas dependían de seres queridos que prácticamente acababan de despedir en Barinas. La mayoría de ellos nativos o con domicilio en Mérida, pero aquella tarde todos eran compañeros de viaje. El colectivo seguía su marcha y todo marchaba en completa normalidad. Pero, en pocos minutos, la tranquilidad estaba a punto de desaparecer para dar paso a los gritos desesperados y a una angustia que, en segundos, acabaría con todo.
El colectivo había recorrido un buen tramo sobre los precipicios de la conocida carretera, hasta que llegó al sector La Campana, territorio merideño perteneciente al municipio Cardenal Quintero. Lo que sucedería en pocos segundos sería un terrible capítulo de la historia vial de Barinas y Mérida.
Tras el paro cardíaco
No estaba en el libreto de la vida que Germán Ramos Altuve sufriría un paro cardíaco y mucho menos en el lugar tan crucial, pro sí fue. Justamente cuando conducía con tranquilidad sintió un intenso dolor en el pecho que le causó la muerte en el acto. Fue fulminante, y, al mismo tiempo, fatídico para sus compañeros de viaje. La unidad perdió el control e inmediatamente se debarrancó a una altura de unos 600 metros. La muerte se hizo presente.
Con Germán Altuve también perdieron la vida producto del siniestro Yosman Alexander Toro (29) y su padre, Gerardo Torres; César Urbano Rangel (70) , docente de Barinitas que hizo vida pública y política en Mérida; Rafael Jesus Saavedra Vásquez (58), destacado músico y académico de la ULA, oriundo del estado Táchira ; Edilia Rincón Molina (46) nativa del caserío Mesa de Las Palmas, en Santa Cruz de Mora, Mérida; Giorian Jesús Rojas (30), domiciliado en Santa Elena de Arenales, municipio Obispo Lora, en Mérida.
También Rosa Omaira Bencomo (46) , reconocida dueña de una panadería en Santa Ana, al norte de Mérida; Kleiver Contreras (17), el jovencito promesa del fútbol que descollaba en la Escuela de fútbol de la Palacio Fajardo; Liz Cuéllar (53) , administradora con vínculo familiar con Fe y Alegría Edocomunicación en Mérida; Pedro Eustoquio Valongo (29), apureño don varios años domiciliado en Mérida, donde colaboraba con la Casa de retiros San Javier del Valle, y Yasmín Coromoto Díaz .
Los tres que sobrevivieron
Fueron tres los que Dios permitió que no se fueran al viaje eterno, sino que se quedaran para contar aquella terrible y triste experiencia, la que seguro jamás olvidarán.
Yasmira García Perozo, Orlando José Paredes y Luis Beltrán Peña están bajo estricta observación médica, pero respiran para seguir viviendo entre los suyos. Sus dolientes también sufrieron la angustia de la duda si aún estaban con vida o, por el contrario, habían fallecido. Fueron tres los sobrevivientes y así Dios lo quiso.
Y qué decir de esos protagonistas anónimos que, cual héroes de películas sin hacer escándalos, tuvieron la titánica tarea de rescatar, uno por uno, los doce cuerpos y a los tres heridos. decenas de rescatistas, socorristas y paramédicos que se unieron con coraje, fortaleza y sabiduría para confrontar una situación que muchos de ellos desconocían pero que salieron airosos con un postgrado moral que nadie discute.
Se cierra así una triste historia que a todos nos salpicó con tristeza y dolor. Faltan capítulos?. Tal vez surjan relatos que desconocemos, pero lo que sí es verdad es que nos queda un sin sabor al saber que hay 11 familias (Los Toro eran padre e hijo) que entierran a sus seres queridos que juntos se marcharon para siempre en un solo viaje. Dios bendito:
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