REPORTAJE ESPECIAL Detrás del político El corazón migrante y la sombra de la persecución

Por: Kathiuska Francis Marín

Hay historias que se escriben con el eco de los pasos sobre el asfalto, con el murmullo de la radio en la tarde y con las cicatrices que deja la lucha por la libertad. La vida de José Luis Machín Machín es una de ellas. Exalcalde, comunicador incansable y, ante todo, un barinés por adopción y por amor profundo.
En un encuentro cargado de nostalgia, emociones a flor de piel y la crudeza de quien ha conocido tanto el aplauso popular como los calabozos de la persecución, desentrañar los hilos de una existencia que comenzó en los campos de Yaracuy, echó raíces en la Universidad de Los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ) y se templó en la adversidad. Esta es su verdad, viva y vibrante, utilizando cada una de sus vivencias compartidas.
Raíces de Ultramar y el Domingo de Carnaval que lo Cambió Todo
— José Luis, toda gran historia tiene un origen. Tu apellido resuena con fuerza en Barinas, pero tu sangre viene de lejos. ¿Cómo se fundó ese hogar que te dio la vida?
— Yo soy un producto puro de la migración española y europea. Nací en Chivacoa, estado Yaracuy, el 22 de julio de 1961. Mis padres, María de las Nieves Machín de Machín y José Machín, nacieron en las Islas Canarias, específicamente en los sectores de Zacatecas y Sauces de la isla de La Palma. Mi papá llegó a Venezuela a los 15 años a trabajar duro, y mi mamá llegó antes de cumplir los 20, ya casada. Se casaron por poder: ella allá y él aquí. Formaron una hermosa familia fruto del amor, y bueno, yo fui el primero de sus hijos. Tengo 64 años.
— ¿Y cómo es que ese joven hijo de canarios termina haciendo de Barinas su patria chica? Cuéntame el momento exacto de tu llegada.
— (Los ojos de José Luis se iluminan con un brillo nostálgico y exacto) Lo recuerdo perfectamente. Llegué aquí a Barinas el 26 de febrero de 1979, a la 1:30 de la tarde. Me bajé de un autobús Bonanza, acompañado de mi mamá. Íbamos a vivir en el barrio El Cambio, en casa de Ramón Arrábago. Estamos hablando de un domingo de carnaval. Vinimos porque al día siguiente, el lunes de carnaval, yo comenzaba clases en la Universidad Ezequiel Zamora, la UNELLEZ; en ese tiempo sí había clases en esas fechas. Ya tengo 47 años y unos meses aquí. El grueso de mi vida lo he vivido en nuestra ciudad. La siento mía, me siento plenamente identificado con ella.
— Muchos te conocen como alcalde y líder regional, pero ¿comenzaste de inmediato en la militancia partidista al llegar a Barinas?
— No, al momento de llegar no militaba en partido alguno, pero tenía muchísimas inquietudes políticas. Leía muchísimo la revista Resumen que dirigía Jorge Olavarría, leía muchos libros. Mi primera incursión real en el mundo político fue previa, en el Liceo Combinado Bacarihua donde estudié el quinto año de bachillerato. Eran las elecciones del centro de estudiantes y un amigo que militaba en el MAS (Movimiento al Socialismo) me pidió que lo acompañara. Yo era un estudiante muy destacado, así que le dije: «Bueno, yo te acompaño, pero méteme entre los últimos de la plancha». Esa plancha resultó ganadora. Antes de eso, solo había sido delegado de curso en primer y segundo año.
— ¿Y cómo se da ese chispazo universitario que te conecta con la dirigencia en Barinas?
— Al llegar a la UNELLEZ tuve contacto con líderes estudiantiles como Jesús Pérez y Jesús Garrido. Uno de los primeros libros que devoré aquí fue Democracia y Mitología Revolucionaria de Carlos Raúl Hernández, que ya advertía sobre una ruptura en la política. Poco a poco me fui acercando al MAS, primero a través del movimiento universitario 12 de Febrero. Empecé desde abajo, muy desde abajo, entre 1979 y 1980. Fui creciendo en la dirigencia estudiantil hasta que ganamos la presidencia de la Federación de Centros Universitarios (FCU). Luego fui ascendiendo en la política adulta del partido hasta ganar la Secretaría General Regional del MAS en 1997. Para entonces, ya había sido concejal principal en dos períodos consecutivos, vinculándome cara a cara con las comunidades.
— Paralelo a tu ascenso político, hay una pasión que jamás ocultas: la radio. ¿Cómo empezó ese romance con la locución?
— En 1984 hice el curso de locución con el gran Rafael Murillo Casanova. En esa cohorte estábamos Marisabel Tapia, Pedro Belandria, Jenny de Jesús Roa y Francisco Javier «Pacho» Aguilar, entre otros. Pero fue el primero de febrero de 1986 cuando encendí el micrófono por primera vez con mi propio programa: Barinas ayer y hoy, a través de Radio Barinas, los domingos a la una de la tarde. Era un espacio de una hora para hacer remembranzas sobre el pasado de nuestra ciudad, acompañado de música venezolana.
— De allí pasaste a la radio comercial y diaria. ¿Cómo lograr que los números cuadren en esa época?
— (Sonríe) Luego trabajó ayudando al profesor Noel Delgado Mujica en su programa sabatino Barinas sobre ruedas, de 7 a 9 de la mañana. El profesor era extraordinario haciendo radio, pero no sabía nada de ventas. Yo ya tenía experiencia como productor de seguros en Seguros La Metropolitana, tras egresar de la universidad, así que me encargué de la comercialización. Nos fue excelente en sintonía y en clientela. ¡En ese tiempo el dinero rendía una barbaridad!
— Y luego llega el programa bandera, el que se convirtió en el consultorio social de Barinas…
— Sí, Dialogando con los Vecinos. En 1990, Rafael González, director de Radio 1400, me invitó a unirme. Ese programa no lo fundé yo; lo crearon Jimmy Flores y José Manuel Altuve, quien era director de Desarrollo Social de la Gobernación. Altuve duró menos de un mes y yo me incorporé de inmediato en abril de 1990. Jimmy y yo decidimos que el programa no podía quedarse en el estudio; nos fuimos a las comunidades, a las barriadas de Barinas, y luego a todo el estado.
Recorrimos Ciudad de Nutrias, Libertad, Santa Rosa, Barrancas, Sabaneta, Pedraza, Socopó, Santa Bárbara… En esos tiempos CANTV nos colocaba «líneas muertas» para transmitir. Fuimos a Calderas, Altamira, Barinitas, Obispo. El programa pasó por Radio 1400, Radio Sensacional, Estéreo Rey e Infinita. Cuando me fui a Sensacional, le pedí a Jimmy Flores —una gran persona, trágicamente fallecido— que se viniera conmigo. Me dijo: «No, ve tú y llévate el programa». No puso ninguna objeción. El espacio creció, se hizo diario y pasó de una a tres de la tarde.
La Travesía Radial de «Dialogando con los Vecinos»:
Radio 1400 ➔ Radio Sensacional ➔ Estéreo Rey ➔ Radio Infinita ➔ Emoción 98.1
— José Luis, hay un capítulo en tu vida radial que muchos veían con escepticismo: un político de peso haciendo un programa infantil. ¿Cómo nació esa locura?
— (Se emociona visiblemente) ¡Ah, el programa para niños! Duró desde el 2004 al 2007. Mucha gente me decía: «Pero Machín, un político y un hombre de tu edad no puede hacer un programa para niños, eso no va a tener ningún éxito». Yo les respondía: «Vamos a ver, porque todos tenemos un niño por dentro».
Lo hacíamos de 9 a 10 de la mañana y tuvo un éxito y una sintonía brutales. Yo me sentía sumamente identificado. Procuraba que, además de entretener con canciones, rifas y juegos, fuera educativo. Les hablaba a los niños y a los adultos de la ley que los protege (la LOPNNA), de artículos de la Constitución Nacional y de la familia. Había una participación inmensa. No era fácil para un político, pero caló, gustó y dejó una huella hermosa.
La Tercera es la Vencida: Las Caídas y la Gloria Electoral
— Volvamos a la arena política. Ese contacto tan estrecho con las necesidades de la gente, ¿te impulsó a buscar la Alcaldía de Barinas?
— Totalmente. Yo acompañaba las luchas de la gente mucho antes de estar en los medios y también después. Por ejemplo, antes de la llegada del presidente Hugo Chávez, existía el programa de la Beca Escolar. Las comunidades luchaban para que sus escuelas fueran incorporadas, y yo estaba ahí, marchando y reuniéndose con ellos. Cuando en 1989 y 1990 comenzaron a formarse las Asociaciones de Vecinos, yo ayudé a conformarlas en muchas comunidades, no para meterme yo, sino para orientar y apoyar a los líderes independientes que iban surgiendo. Eso generó un vínculo de profundo respeto mutuo. No era una relación de dominación, sino de apoyo real. Luego llevaba esas denuncias y logros a la radio.
— Pero el camino a la alcaldía no fue una alfombra roja. Tuviste que morder el polvo de la derrota de forma estrepitosa antes de ganar.
— ¡Uff, en el año 2000 opté por primera vez a la alcaldía y me dieron una soberana paliza! (Ríe con honestidad) Saqué apenas dos mil y tantos votos. Julio César Reyes sacó 68 mil y le ganó a Rogelio Peña. Pero un señor se me acercó días después y me dijo una frase que jamás olvidaré: «Usted perdió, pero quedó vivo políticamente». En el 2008 volví a aspirar; estaba muy bien en las encuestas, pero quedé de tercero, detrás de Abundio Sánchez y Wilmer Azuaje, aunque subí a 16 mil votos. Iba creciendo.
— Y llegó el 2012, el año de la ruptura definitiva y las primarias de la oposición.
— Yo me había separado de la Secretaría General del MAS y del partido en el año 2000, debido a profundas desavenencias y desacuerdos con la política que desarrollaba Hugo Chávez. Me fui sin pelear, sin descalificar a mis compañeros. Me mantuve independiente durante 16 años. En el 2012 participé en las elecciones primarias como independiente. En los sondeos locales yo aparecía de cuarto, pero en mi corazón yo sabía que íbamos a ganar. Sabíamos que la tercera era la vencida. Ganamos las primarias holgadamente y luego conquistó la Alcaldía de Barinas.
Fui jefe de campaña de Henrique Capriles en el municipio en sus dos oportunidades y ganamos aquí; fui jefe de campaña de Julio César Reyes a la Gobernación y ganamos en el municipio. Para mi propia campaña a alcalde, mi jefe de campaña fue Gustavo Mora. No teníamos dudas. Ganamos. Y siendo alcalde, asumí la jefatura de campaña para las elecciones de la Asamblea Nacional de 2015: le dimos una paliza contundente al candidato del gobierno, que era Argenis Chávez, ganando en el municipio Barinas por más de 42,500 votos de ventaja.
La Censura, el Zarpazo del SEBIN y el «Combo» de la Traición
— Detrás de tanto éxito electoral, la atmósfera nacional se fue oscureciendo. La radio empezó a sufrir los embates del poder. ¿Cómo viviste el cierre de tus espacios radiales?
— Fue una etapa sumamente difícil de persecución y censura a los medios. Amenazaban constantemente con que no iban a enviar o continuar el permiso, la concesión. Yo entiendo perfectamente a los dueños de los medios de comunicación. Muchos pagaron el costo altísimo de ver apagadas sus señales; a algunos incluso les expropiaron los equipos. En estos tiempos, muchísimos periodistas y trabajadores han tenido que autocensurarse para poder sobrevivir. Cuando el dueño de una emisora ve que cierran a la del vecino, es lógico que se cuide. Te decían: «Yo quisiera tenerte aquí, pero entiéndeme…». Y uno tenía que respetar y entender ese temor. Siento que los empresarios radiales han hecho un esfuerzo extraordinario para sostener sus estaciones en condiciones muy difíciles, siempre con el miedo respirando en la nuca.
— Y ese temor se materializó para ti de la forma más abrupta en Ciudad de Nutrias. Cuéntanos ese momento en el que la libertad se te escapó de las manos.

— «Quienes estamos en la política sabemos que corremos riesgos, y más en un país altamente polarizado y confrontado. Quienes estamos en el campo opositor llevamos el riesgo a cuestas…»
En 2016, un grupo de compañeros decidimos ingresar a Primero Justicia. Estábamos haciendo un trabajo político muy reducido porque la gente tenía muchísimo miedo. Semanas antes, Ciudad de Nutrias había sufrido unas inundaciones terribles. Dirigentes de nuestro partido habían ido a llevar colaboración, y nosotros fuimos también a constatar la situación, a conversar con los damnificados y con ciudadanos comunes que sufrieron la acción de las aguas.
Estando allá, nos percatamos de la presencia de un vehículo sospechoso apostado cerca de nosotros. Decidimos retirarnos, pero el vehículo comenzó a seguirnos. Nos preguntamos: «¿Qué hacemos aquí?». Al llegar a la alcabala de la Policía Nacional, nos detuvieron. Nos quitaron los teléfonos de inmediato, nos convirtieron en un conjunto de interrogantes y nos trasladaron directamente a la sede del SEBIN.
El foco de la injusticia: El destino que no fue Caracas
— En ese instante en que te quitan las pertenencias y te ingresan al calabozo, ¿qué pasó por la mente de José Luis Machín? ¿Pensaste que ibas directo al pozo de la reclusión nacional?
— (Silencio reflexivo, su voz baja de tono, cargada de una sobria emoción) Al principio no lo asimilas del todo, todo fue progresivo. El golpe más duro es saber que tu familia no sabe dónde estás. En los primeros días no tuvimos ningún tipo de contacto con ellos; no sabían si estábamos vivos o muertos. Nos tomaron las huellas dactilares, nos reseñaron con el código 670, nos hicieron un chequeo médico… pero en realidad estaban preparando todo el paquete para mandarnos para Caracas, a enfrentar los peores destinos. Ese era el final planeado para el día.
El Combo del Terrorismo y el Engaño de las Cautelares
— Al ser presentados en el tribunal, las acusaciones debieron ser devastadoras para un demócrata.
— Nos llevaron al tribunal y allí nos dijeron que un tribunal de Caracas nos estaba requiriendo por terrorismo y traición a la patria. Nos señalaban también de contubernio con gobiernos extranjeros, asociación para delinquir… y pare usted de contar todo ese paquete que le meten a todo el que quieren encarcelar de manera definitiva. Porque es un paquete estructurado. Yo les digo «combos». Esos combos incluyen de cajón terrorismo y traición a la patria, y después varían un par de las imputaciones según el caso.
— ¿Cómo se vivieron esos días de incertidumbre en las celdas llaneras mientras se decidía su traslado definitivo?
— Nos iban a llevar a Caracas, sin embargo, nos aguantaron aquí unos veintitantos días porque supuestamente el juez del tribunal había sido destituido o suspendido. Durante todo ese tiempo nos jugaban con la psicología diciéndonos que íbamos a salir con medidas cautelares y toda esta cuestión… pero era un engaño. Un profundo engaño para mantenernos desgastados mientras estábamos tras las rejas.
El Orgullo de la Resistencia: Primero Justicia Barinas
— Viendo hacia atrás todo ese dolor, la prisión de tus compañeros y la tuya propia, ¿cuál es el balance de esa entrega?
— Yo quiero decir esto con mucha fuerza: Primero Justicia es el partido en el estado Barinas que más presos políticos ha tenido en los últimos años. No solamente fuimos mi persona, Isaira, Miguel Jorge, Junior Rivas y José Osorio. Es que también estuvo preso Wilmer Asuaje, estuvo preso el compañero Andrés Molina, Hernando Garzón, Sandra Garzón y otros tantos amigos. No hay ningún partido político en Barinas que haya tenido tantos presos políticos en los últimos años. Y eso, aunque doloroso, habla con claridad del compromiso inquebrantable de Primero Justicia con la causa democrática, del riesgo real que hemos corrido en medio de toda esta realidad tan difícil que ha vivido Venezuela y de la entrega de nuestros dirigentes.
Epílogo: La voz que no se apaga
José Luis Machín Machín se acomoda en la silla. Han pasado los años, las alcaldías, los cierres de emisoras y los sinsabores de la persecución, pero la mirada del hombre que llegó un domingo de carnaval en un autobús Bonanza sigue siendo la misma.
Su relato no es solo el de un político; es la crónica viva de una Barinas que resiste, que dialoga con sus vecinos en las buenas y en las malas, y que, aun bajo la sombra del temor, la prisión y la censura, se niega a callar. Machín demostró que se puede hacer reír a un niño por radio mientras se defiende la legislación familiar, y que se puede pisar un calabozo de aislamiento con la frente en alto cuando el único «delito» ha sido negarse a domesticar la esperanza. Su historia sigue abierta, latiendo en cada rincón de la llanura que lo adoptó para siempre.

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