*. En un audio que grabó de manera voluntaria y que envió a un compañero de promoción, Alexander Adonay Rodríguez, el ex militar y prestamista de 43 años, dice que terminó sacando su pistola cuando su compañero de promoción militar y viejo amigo, Wilfredo Serrano (47) y la esposa, Karla Carolina Hernández (39) lo golpearon y lo maltrataron frente al apartamento. Los tres bajaron hasta la salida del edificio, donde los ejecutó a ambos con balazos en la cabeza. «Los quería coaccionar y reducir para me pagaran si guardaban algún dinero en el apartamento, ya que Wilfredo debía dos préstamos, pero lo que hizo fue «comerse» esa plata y realizar muy malas inversiones», apuntó
- » Wilfredo era mi hermano y siempre lo ayude con dinero, pero tenía meses que no cancelaba un préstamo de hace un año y otro en el mes de noviembre para que recuperara capital, pero nunca respondió y lo que hacía era esconderse, mientras su esposa (Karla) se burlaba de mí cuando lo llamaba», señaló el exmilitar, quien también confesó que pensó en propinarse un balazo en la cabeza y «acabar así la historia», según aseveró.
César Villamizar Trejo.-
«Mi intención esta mañana ( la del pasado miércoles) nunca fue matar a Wilfredo y a su mujer, pero me atacaron, me empujaron y me humillaron, lo que me llenó de ira y fue cuando utilicé la pistola. Lo único que quería era que me pagaran al menos una parte del dinero que me debían y si tenían plata en el apartamento».
Alexander Adonai Rodríguez, ex militar y escolta de 43 años, expresó, a travès de un audio enviado a un compañero de promoción militar desde el interior del apartamento donde se atrincheró con las dos niñas de los occiso, que su objetivo aquella fatídica mañana era coaccionar y recudir a la pareja para que pagaran parte del dinero que les adeudaban desde hace más de un año, a través de dos préstamos y que totalizaban, según versiones extraoficiales, unos 13 mil 500 dólares.
«Los esperé sentado frente al apartamento, donde cada mañana los dos salían a llevar a las niñas a clases, pero cuando vi a Wilfredo tuve un sentimiento de lástima por los años que teníamos de amistad, desde muy jóvenes. Luego salió su esposa Karla Carolina Hernández. Los abordé y, una vez más, les pedí que me pagaran parte de la deuda, pero ambos me empujaron y se burlaron de mí», relató Rodríguez, al agregar que la discusión fue escalando mientras los tres bajaban las escaleras , pues, según aseguró, Karla lo golpeó y se burló de él.
La paciencia de Rodríguez, de acuerdo a lo expresado en el audio, en segundos se transformó en ira, la cual fue subiendo hasta que se hizo insoportable. Sacó la pistola y las humillaciones siguieron en segundos. Los tres ahora estaban en la entrada de edificio 10 del urbanismo «La Gran Villa de Obispos», donde el ex militar, cegado por la rabia e impotencia, los ejecuta con sendos balazos en la cabeza.
Mientras Rodríguez grababa el audio a través de su teléfono móvil, afuera del apartamento un grupo de fiscales del Ministerio Público y jefes de varios organismos policiales, intentaban persuadirlo para que se entregara y dejara en libertad a las dos niñas que mantuvo como rehén con el fin de negociar y garantizar su integridad física.
Con una voz que en ocasiones se quebraba y aparentemente arrepentido por lo que hizo, el también escolta aclaró que con esas palabras no pretendia justificar la locura que protagonizó horas antes, pero sí aclarar lo que previamente sucedió antes del hecho de sangre que este miércoles sacudió al municipio Obispos, a la región barinesa y al pais en general.
«Wilfredo era mi hermanito y lo único que hice fue ayudarlo»
En el audio, grabado de manera voluntaria por el asesino mientras estaba atrincherado en el apartamento de las víctimas, se escucha cuando Rodríguez afirma que Wilfredo Serrano fue su compañero de promoción militar, amigo desde la juventud y un bue amigo, por lo wque lo consideraba un hermano del alma, al que siempre ayudó de manera económica al prestarle una considerable cantidad de dinero, en dos partes.
La primera fue de 10 mil dólares, los cuales debió cancelar, con el porcentaje respectivo, en noviembre del pasado año, pero eso nunca sucedió.
A pesar de esta desconsideración por parte de Serrano, Rodríguez no tuvo reparos de prestarle otros 5 mil dólares para que recuperara el capital, invirtiera y comenzar a pagar con los intereses, pero tampoco ocurrió.
«Pasó diciembre, enero, febrero, marzo y abril. Le reclamé el pago y la respuesta fue siempre la misma: pronto, en cualquier momento, pero nunca fue responsable. Lamentablemente, me enteré que Wilfredo hizo muy malas inversiones y lo que hizo fue «comerse» mi plata y nunca pagarme como debió ser. Hasta supe que lo estafó un pariente suyo con unos cochinos», relató el ex militar, de quien se informó se vino de Caracas a Barinas a trater de solventar esta desagradable situación.
«Tenía cuatro meses que no me contestaba, que no respondía y cuando lo hacían era para burlarse de mí y la mujer me gritaba que viniera a matarla porque ellos no tenían dinero. Fue rudo, muy rudo», apuntó.
«Un balazo en la cabeza y se acaba la historia»
En sus afirmaciones, un arrepentido hombre reafirma que no quería hacerle daño a alguien y lo que menos deseaba era que esta situación acabara de la peor manera, pues está muy consciente de que parte de ese daño lo llevaron las dos niñas de la pareja que liquidó a tiros
«No estoy pendiente de abogados ni nada de eso. Lo que quiero ahorita es contactar a un periodista y contarle mi versión para desahogarme. No sé. Ponerme un balazo en la cabeza y se acaba la historia. Es muy rudo todo esto, viejo», le expresa Rodríguez a su interlocutor: un presunto integrante de su promoción militar, de la que Serrano también era miembro.
Tras esta grabación, Rodríguez tardaría unas ocho horas antes de entregarse ante las autoridades, que, alrededor de las 6 y 25 de la tarde, encabezaba el Jefe nacional del Cicpc, comisario general superior, Douglas Rico.Son varios los delitos que el Ministerio Público imputará al ex miitar y escolta.
La historia de este escandaloso caso no ha terminado, menos como el asesino , en un momento de reflexión, pensó. De su pistola no salieron más balas. De su corazón salieron palabras que, desde lo más profundo, confesó en libertad, la misma que ese día perdió a causa de un i8nstante de ira y odio…